Abre tu puerta cerrada


Abre tu puerta cerrada
Que ne tu mano está la llave
El amor a ti te vela
Partemos rosa, partemos de aquí.
Yo demandi por la tu hermozura
Como te la dio el Dió;
la
hermozura tuya escura
la merezco sólo yo.


viernes, 25 de enero de 2013

Los espejismos o los falsos ángeles


Poseía una mirada enigmática. En ciertas ocasiones sus ojos verde-azulados cambiaban de color. Algunas personas aseguraban que con sólo mirarla podía saberse lo que estaba pensando, que tenían un lenguaje propio. Lina no era más que una joven alemana de 27 años que soñaba con ser directora de cine. Tenía una fuerte convicción con la ideología nacionalsocialista, y había dispuesto todo su talento en el ámbito cinematográfico para colaborar con el régimen nazi. De hecho el propio Hitler se había manifestado seguidor de algunos de sus trabajos, que habían obtenido una excelente crítica en la Alemania del Führer.

El 23 de noviembre de 1942, Lina era galardonada con el primer premio del certamen “Jóvenes directores de cine” en Berlín, consiguiendo así la posibilidad de financiarse su primer largometraje. Al evento asistieron las principales personalidades de la época, entre las que se encontraron el mismo Hitler o Goebbels, responsable del ministerio de la propaganda nazi.

Lina sentía verdadera pasión por España, por ello quería terminar de escribir su guión en tierras españolas, además de buscar algunas de las localizaciones que posteriormente se verían en su película. La alemana fue agasajada por el régimen franquista ante su llegada, conocedor del importante papel que estaba desarrollando en el gobierno amigo.

Al cabo de mes y medio la joven dio por finalizado y retocado su guión, empezado meses atrás en su país de origen. Seguidamente decidió recorrer toda la geografía española, en un pequeño mercedes negro, que ella misma conducía.
Cuatro meses más tarde, ya en Alemania, Lina tomó la decisión de recrear un entorno típicamente español. Como curiosidad, la joven contrató a quince personas de etnia gitana como extras. Los gitanos fueron obligados a dejar su poblado, y a permanecer de forma diaria al lado de la cineasta hasta que finalizase el rodaje. Entre los extras, se encontraban dos bebes y tres niños.

Al principio los gitanos se encontraban completamente atemorizados, a sabiendas de las acciones que estaban desarrollando los alemanes nazis contra su grupo. Pero sus miedos quedaron en el olvido en poco tiempo, Lina no sólo había mejorado la calidad de vida de sus figurantes, proporcionándoles buena comida y un entorno favorable, sino que además se mostraba atenta y cariñosa con los más pequeños. Incluso era conocida como “TitaLina”. En más de una ocasión los adultos le habían comunicado a la directora que jamás podrían agradecerle todo lo que estaba haciendo por ellos. En un cierto momento, Dori, una de las madres que había sido contratada junto a su pequeño de siete meses, le dijo:

-         Señora, es usted un ángel que ha bajado a la tierra para que todo vaya mejor.

Lina se acercó hasta ella, acarició la cara de su bebé llamado Luluvo con cierta ternura, y le respondió:

-          ¡Mi pequeño Luluvo, duerme!

Dos meses más tarde, el rodaje se daba por finalizado. Sin distinciones, y demostrando su unión, todos colaboraban a la hora de recoger todos los enseres. De repente, en la primavera de mayo del 43, treinta miembros de las SS irrumpían en el lugar. Sin mediar palabra procedieron a detener a cada uno de los gitanos allí presentes.

Lina se acercó hasta uno de los comandantes y le preguntó:

-          ¿A dónde los llevan?

El comandante alemán le respondió:

-          Al lugar en el que ya deberían de estar, a un campo de exterminio.

Los gitanos mientras tanto observaban a la mujer dulce con la que habían compartido su vida los dos últimos meses.

Dori, con Luluvo en brazos, se desvió unos pasos para acercarse hasta Lina. Uno de los miembros de la SS tiró de su brazo para hacerla retroceder. Lina desde la distancia hizo una seña con la cabeza para que le permitiesen acceder hasta ella.

Una vez, frente a frente, le expresó su angustia:

-          Señora, ¿a dónde nos llevan?

Dori miró fijamente los ojos de Lina, en un instante cambiaron por completo de color, pasando del claro al oscuro. La madre gitana comenzó a sentir miedo, por un momento sólo “vio” en aquella mirada rencor y asco.

Lina, se dio la vuelta, miró hacia otro lado y siguió caminando.

viernes, 18 de enero de 2013

La vida eterna




El único delito que habían cometido Francisco Azulay y su familia, había sido acudir todos los domingos a misa. Al parecer, eso y su profesión de médico, habían sido razones suficientes para ser denunciados, supuestamente, de manera anónima, por algún vecino, quien aseguró que él y los suyos eran partidarios del bando sublevado (La familia Azulay vivía en Madrid bajo el mando republicano).

Los azulay jamás habían entrado en política, de hecho nunca les había interesado.
Las cosas en la ciudad se estaban poniendo cada vez más complicadas, y la destrucción y la desolación estaban al orden del día. Semanas atrás, Paco fue informado de que próximamente sería detenido. Días antes de que esto sucediese, la familia malvendió todo lo que tenían y huyeron a Berlín. Francisco era uno de los mejores cirujanos de aquel entonces y aun disponía de grandes contactos.

La integración en la ciudad no fue fácil, sobre todo por la dificultad del idioma, además de ello, resultaba muy complicado empezar una vida de cero sin tener apenas nada. Lo que no sabían los Azulay- Sainz es que lo peor estaba por llegar.
Años más tarde toda la familia sería conducida hasta un centro de exterminio Nazi. La razón, tener sangre judía. Al principio de su detención, el clan lo tomó con tranquilidad, sobre todo porque pensaron que se trataba de un error. Más tarde se dieron cuenta del terrible destino que les esperaba. Pero, ¿qué había ocurrido? Desde hacía tres generaciones los Azulay eran católicos, de hecho el propio Paco apenas tenía muchos datos sobre aquello, sólo recordaba que su padre le había contado que su bisabuelo era judío, y que al contraer matrimonio con su abuela Ana, se había convertido al catolicismo. Paco no tenía ni idea de la cultura judía.

Los Azulay- Sainz tenían dos hijas: Marta de 18 y Cristina de 23, ellas se enteraron en el momento del arresto de sus orígenes judeo-españoles. Hasta ese momento nunca tuvieron conocimiento de sus ancestros judíos. De hecho, todos ellos atestiguaron a las autoridades alemanas que eran ciudadanos españoles, católicos, y que no se sentían ni por asomo judíos. Por si servía de algo, el padre de familia informó a las autoridades pertinentes de que se habían visto obligados a abandonar España huyendo del comunismo. De poco le sirvió, pues tres días más tarde llegaban al centro de Bergen- Belsen.

Los nazis estaban realizando una persecución extrema contra la población judía, y su mayor ansia y finalidad era exterminar por completo a toda su población. Una de las herramientas para su exterminio era la búsqueda de judíos a través de sus apellidos, un arma infalible, pues tenían conocimiento de que era una de las mayores señas de identidad de este grupo, puesto que había apellidos de los que sólo ellos eran portadores. Cualquier persona que tuviera una “mancha”, o tuviera el más mínimo rastro judío estaba en peligro.
Los azulay habían huido del socialismo-comunismo español, y ahora estaban en el punto de mira del fascismo nazi.

Al parecer, el gobierno de Franco intentó movilizar por vía diplomática el que se estaba cometiendo un error, puesto que estaban reteniendo a ciudadanos españoles y no judíos. Para entonces las relaciones entre Franco y Hitler se habían distanciando.
El gobierno de España recibía más tarde noticias de la Alemana nazi, alegando que no tenían conocimiento de la ubicación de los Azulay- Sainz


Campo de exterminio de Bergen-Belsen

29 de mayo de 1944

Al llegar al campo de Bergen-Belsen, los Azulay fueron separados y conducidos a distintos barracones. Se vivieron momentos de máxima tensión. Entre gritos Cristina y  Marta se resistían a separarse.

Cristina había perdido la noción del tiempo, pero creía que llevaba entre dos o tres meses allí. No tenía ninguna noticia de sus familiares, y a duras penas podía comunicarse con ninguna de las chicas que se encontraban en su barracón. Se le daba francamente mal el alemán. Por otro lado, casi no comía, y se enfrentaba a largas horas de trabajo y a pésimas condiciones de higiene. Además, hacía mucho frío y no tenía ropa de abrigo.

De repente una luz se abrió en el horizonte. La semana anterior escuchó a una chica que intentaba comunicarse con algunas de sus compañeras en español. ¿Era posible? Cristina se dirigió a ella, con una sonrisa:

     - ¿Hablas español?, ¿qué haces aquí?

La chica portaba un distintivo de identificación de distinto color al de Cristina. De inmediato le contestó:

     - ¿Eres otra de mis camaradas? La mujer se abrazó a ella y comenzó a cantar de manera  efusiva:

Los campos heridos de tanta metralla,
Los pueblos sangrantes de tanto dolor,
y los campesinos sobre la batalla,
para destrozar al fascismo traidor...

Cristina de inmediato le tapó la boca y le dijo:

  - Pero… ¿estás loca?, ¿qué quieres que nos maten? Tú no sabes a dónde te han traído….

Durante la noche, Verónica, la mujer anarquista de Barcelona que había ido hasta Berlín a combatir contra el fascismo alemán, era informada por Cristina del día a día en Bergen-Belsen.

Verónica quedó asombrada con la historia de Cristina:

   - ¿Así que a vosotros os han metido aquí porque dicen que sois judíos? ¡Malditos cerdos…se creen los dueños de todo, y pretenden eliminar del mapa a todos aquellos que no les gusten!

Pero lo que en principio podría haber sido el máximo apoyo para Cristina, pronto se convirtió en uno de sus mayores lastres. Como cada noche, la joven, antes de dormir tenía por hábito leer su biblia, que era una de las pocas cosas que pudo coger antes de ser detenida por la Gestapo. La joven salió de su camastro y se dirigió hasta el poyete de la ventana de madera para poder leer a la luz de la luna. Verónica la siguió sin que ella se diese cuenta.

Cristina sigilosamente comenzó a leer:

         El señor es mi pastor, nada me falta.
         En prados de hierba fresca me hace reposar,
         me conduce junto a fuentes tranquilas
         y repara mis fuerzas…

Verónica asistía atenta a la escena. Segundos después volvía al camastro.

Al día siguiente, Verónica volvió a presenciar la misma escena, sólo con una variación, que Cristina rezaba el rosario. En esta ocasión la mujer anarquista no pudo contener su ira. Se dirigió violentamente hacia ella, y le arrebató el rosario de sus manos. Las cuentas comenzaron a rodar por el suelo. Cristina de inmediato se tiró al suelo indefensa, intentando recomponer el primer rosario que su madre le había regalado.

Verónica desde arriba la observaba con cierta sonrisa maquiavélica, disfrutando de su acción. Cristina tirada en el suelo, le miraba con cierto temor. La mujer se acercó a un palmo de ella, se agachó y le dijo:

- ¿Alguna vez te han dicho que eres sumamente estúpida? Deja de perder el tiempo, tu Dios no existe. ¿Dónde está?, ¿acaso está aquí? ¿Por qué no responde, eh? Piensa, traza un plan para escapar de aquí, porque estás condenada a morir. Tu Dios misericordioso quiere que te pudras de la manera más cruel, lejos de tu tierra, sin nadie de tu familia. ¡Reza maldita desgraciada ignorante!, ¡reza!
¡Todos vosotros sois los culpables! ¡Los creyentes, los débiles! Tenéis que creer en algo para paliar vuestras desgracias, porque sabéis la mierda en la que vivís y de la que no hay salida ¡Eres una mierda! Yo he venido a luchar por la libertad, y tú sin embargo te escondes, ¡basura, escoria! ¡Yo tengo la fortaleza, yo a nada le temo, porque sólo yo decido mi rumbo…!
  
Cristina no medió palabra, esperó a que marchase, volvió a la ventana y miró por el cristal hasta quedarse dormida.

Al día siguiente Cristina se levantó sobresaltada. Una de las jóvenes de su barracón había escuchado que esa misma mañana se llevarían a la mayoría de las 98 mujeres que allí se concentraban. Las mujeres y las chicas se agolpaban para escuchar la información:

-     Dicen que nos van a utilizar para sus experimentos científicos. Cuentan que nos abren en canal hasta vernos morir. Por eso he conseguido algunos frascos de veneno, ¡prefiero morir con dignidad!, ¡no somos animales! Las mujeres comenzaron a golpearla, intentando hacerse con los 2 frascos que llevaba en la mano. Las mujeres gritaban, se empujaban, y algunas de ellas empezaron a sollozar.

De repente la puerta se abrió, doce soldados alemanes entraron, y por un momento reinó el silencio.

El oficial más alto gritó:

-   ¡Wortlos in Reih und Glied! (en orden y en silencio).

Al instante un chico más joven se adelantó y comenzó a inspeccionar a las allí presentes. De manera aleatoria fue diciendo:

     -   ¡Du, du, du, du, du…! ( ¡tú, tú, tú, tú, tú!).

La mayoría de las mujeres que daban un paso al frente entraban en un estado de histeria. Algunas comenzaban a gritar amargamente, e incluso pataleaban. El soldado alemán se paró ante Cristina, durante unos segundos le miró fijamente, le sonrió y finalmente le dijo:

 -   Du noch nicht! (¡tú todavía no!).

Cuatro pasos más adelante se encontraba Verónica. El oficial sin dudarlo le dijo:

 -  Du (tú).

Verónica quedó paralizada y no se adelantó. El oficial retrocedió, le golpeó y volvió a decir:

  -  Du (tú).

Verónica se arrodilló y comenzó a llorar:

  -  Por favor!. A mí no… por favor.  ¡Haré lo que me pidan!

El oficial hizo una seña al soldado, segundos después, el soldado sacó una pistola dispuesto a acabar con la vida de Verónica en ese mismo momento delante de todos.

Cristina se adelantó y dijo:

 -  Nein! Ich werde stattdessen gehen! (¡No!, ¡iré yo en su lugar!).

El soldado retrocedió, volvió a sonreír a Cristina y le dijo:

  -  Ängstige dich nicht!. Du musst mir danken, dass ich dir freilasse, dass jetzt ist alles beendet. (¡Adelante, no tengas miedo!. Tienes que agradecerme que te libere, que todo se acabe ahora)

Cristina desafiante le dijo en perfecto alemán:

  - Nichts Kommt zu Ende. Alles fängt jetzt an. Die Person, die an Gott glaubt, lebt ewig dass jetzt alles beendet ist. (Nada se acaba, todo empieza ahora. El que cree tiene vida eterna).


Todos quedaron en absoluto silencio.



*(En memoria de todos los que sufrieron la persecución nazi).

viernes, 11 de enero de 2013

La noche de reyes



5 de enero del 2013,  21:00.

En la familia de los Escudero-del Olmo era tradición darse los regalos de Reyes el día 5 por  la noche. Raúl y Clara apuraban los últimos minutos antes de que llegaran sus padres, con sus otros dos hermanos pequeños, para envolver los últimos regalos que les quedaban por empaquetar. De repente el teléfono móvil de Raúl comienza a sonar. El joven descuelga el terminal, es su madre:

- Raúl, llegamos en 40 minutos, ¿ Cómo vais?

 Raúl contesta:

- Pues ya está casi todo listo, estamos envolviendo el robot de Lorenzo.

Su madre, Aurora, continúa:
- Bueno…que en nada llegamos. Oye, ¿qué le habéis comprado vosotros al final a papá, porque…?

Su hijo, le interrumpe:

- A ver… Mamá, hace tres días te dije que no encontraba nada, y quedamos en que tú  le comprarías algo…

En ese momento, la madre de Raúl comienza a subir el tono:

- No… si ya esto es lo último, el día de reyes y os olvidáis de comprar el regalo a vuestro padre. De verdad…que….mira…búscate la vida, pero… ¡por el amor de Dios, comprad algo a tu padre! Vete al centro comercial que cierra a las 22, aún estáis a tiempo. ¡Ay qué disgustos! Si es que…

Raúl continúa:

- Lo primero no metas a Dios en todo esto, y luego…no te me pongas melodramática. De verdad…qué pena, vale que no es normal que a día de hoy no tengamos un regalo para papá, es cierto que ha habido un error de comunicación. Pero… estoy cansado de todo esta parafernalia, ¿qué nos está pasando mamá? ¿Qué nos habías hablado tú de la navidad? Nos estamos convirtiendo en otra puta familia más que se está olvidando del verdadero sentido de estos días. ¿ Qué coño importa que papá tenga un puto regalo menos? Él sabe que le quiero, se lo demuestro cada día. Pero no te preocupes… hagamos un poco más comercial todo esta falsedad.

(Raúl cuelga el teléfono móvil)

Antes de coger las llaves del coche para dirigirse al centro comercial, ubicado a unos 9 kilómetros de su casa, su hermana Clara se presta a acompañarle. Raúl le contesta:

- No, quédate tú preparando todo.

Clara se despide dándole un beso en la mejilla y corre de nuevo al salón para ultimar los preparativos.


5 de enero del 2013,  21:40.

Juanjo lleva tres horas bebiendo en una cafetería cercana a un centro comercial. Ha olvidado por completo el número de copas que ha bebido. Su teléfono móvil comienza a sonar, es su mujer, le cuelga. Al instante vuelve a sonar, el hombre se decide a cogerlo - 

- ¡Dime! No…no, que no he bebido, que ya voy…que sí que ya tengo todo. ¡Puedo coger…perfectamente el coche, vale…que te calles, que ya soy mayorcito! ¿o ahora me vas a decir lo que tengo que hacer?

El camarero escucha atento la conversación, se acerca y le dice:

- ¡Qué la carretera está llena de controles! ¡llame a un taxi! pero vamos… espero que no cometa la locura de coger un coche, que no sólo es usted…

Juanjo comienza a ponerse agresivo:

- Tú, camarero, a callar, que yo controlo. ¡Que me voy por la carretera secundaria y punto…!

Juanjo paga el último whisky y sale por la puerta.

   
5 de enero del 2013,  21:45.

Raúl ya ha comprado el regalo y vuelve de camino a casa. Su teléfono móvil comienza de nuevo a sonar, vuelve a llamarle su madre. El hijo activa el manos libres:

- ¡Que ya estoy mamá!… estoy en la última rotonda, me meto por la carretera secundaria y así atajo.

Su madre le replica:

- Tú como siempre tarde… ¡tarde a todos los sitios!

Raúl finaliza la conversación y cuelga:
- ¡Tranquila mamá…que todos los males sean estos!

A escasos metros Raúl comienza a ser deslumbrado por un coche que lleva las luces largas. El joven empieza a pitar desesperadamente, no ve absolutamente nada. Tres segundo más tarde su coche recibe un tremendo impacto. Raúl pierde el control del vehículo, cayendo a un terraplén de más de 7 metros.


5 de enero del 2013,  22:45.

Todos esperan a Raúl en el salón para abrir los regalos. Los padres les han contado a sus hijos pequeños, como cada año, que los reyes magos les han dejado los regalos antes, porque su casa está en el centro y les pilla de paso,al estar en el camino de la cabalgata.

Aurora, le ha dejado 9 mensajes en el contestador a su hijo. Está empezando a perder la paciencia, no entiende por qué no le coge el teléfono. Cuelga y se dirige a su marido:

- ¡Este niño es un mentiroso!, me ha dicho hace una hora que estaba en la rotonda...a saber donde está.


En ese momento el móvil de su marido, comienza a sonar:

- Sí…sí soy su padre. ¿Cómo? ¿dónde? Pero….vale, vale, ahora mismo vamos.


El padre se dirige a su mujer:

- Raúl ha tenido un accidente, está en el hospital.

(El rostro de Aurora se desfigura).

En apenas 10 minutos llegan hasta el hospital. Un doctor con aspecto joven se acerca hasta ellos:

- Hemos hecho todo lo posible pero, lamentablemente ha fallecido. A parte de las numerosas fracturas que presentaba, no hemos podido frenar la enorme  hemorragia que sufría en la región parieto-occipital. Lo siento mucho.

Aurora cae al suelo sin pronunciar palabra. Su marido sin fuerzas, le agarra.

Horas después se persona la policía en el hospital. Los agentes le comunican al padre de Raúl, que un hombre ha invadido el carril de su hijo, sin tener apenas tiempo de reacción, y cómo le envistió hasta un terraplén próximo. Al parecer los sanitarios que le atendieron comentaron que el golpe había sido mortal. El padre preguntó por el conductor. La policía le anunció que había triplicado la tasa de alcoholemia, que se encontraba en estado grave, pero que no se temía por su vida.

La patrulla de policía se despide y procede a abandonar el hospital. En ese momento, Jorge corre hasta ellos:

- ¿Pueden llevarme hasta el coche de mi hijo por favor?

El padre de Raúl, Jorge, llega hasta el lugar del siniestro, situándose frente al coche en el que su hijo había perdido la vida. La policía le acompaña en todo momento.  Tras permanecer en silencio absoluto algunos minutos, Jorge pide que le lleven de nuevo hasta el hospital. De repente uno de los policías se dirige hacía él:

- Espere, en el asiento del copiloto hay algo, un regalo…

Jorge se vuelve, se queda completamente paralizado. ¿ Un regalo? Los policías al igual que el padre quedan inmovilizados. No vuelven a la normalidad hasta que Jorge abre la bolsa y comienza a desenvolver un paquete. El hombre sonríe tímidamente, para más tarde ahogarse con su propio llanto. Era el jersey que había visto junto a su hijo hace unos días. De hecho a Raúl le había gustado tanto que había decidido comprárselo. Pero su padre no había tenido tanta suerte y no pudo hacerse con él, porque no tenían su talla.

Junto al jersey una tarjeta de su hijo que pone:

 Parece que los reyes quieren que vayamos los dos iguales…


viernes, 4 de enero de 2013

La profecía maya



A pesar de que los científicos de medio mundo ya habían anunciado que el 21 de diciembre del 2012 no se acabaría el mundo, algunos incrédulos vivían con expectación las horas venideras. Justo ese mismo día, Jorge y María habían decidido volver a reencontrarse, en esta ocasión en la ciudad de ella.

Pero antes de contar el trascurso de los acontecimientos, nos remontaremos justo dos años atrás, cuando Jorge pisó por primera vez la ciudad de María.
El desengaño con unos amigos y una desmotivación general con el mundo llevaron al joven hasta aquella ciudad del norte de España, con la intención de despejarse e intentar encontrar respuestas a la crisis personal que llevaba acarreando desde hacía algunos meses.

Una extraña sensación se apoderó de Jorge. La ciudad no sólo le había proporcionado la paz que necesitaba, había transformado una parte de sí mismo. Había sabido encontrar algo más profundo: al recorrer sus calles se sentía un miembro más entre sus transeúntes, al respirar su aíre se sentía libre.  Incluso el viento parecía susurrarle en ciertas ocasiones que se quedara. Por ello, esa urbe se había convertido en una de las principales vías de escape para todos sus problemas, el lugar donde verdaderamente encontraba la tranquilidad.

Con el paso del tiempo se hizo prácticamente un asiduo de la ciudad. Conocía sus rincones, y podía moverse sin problemas y con comodidad.
Una tarde, acudió hasta el paseo marítimo, se apoyó en la barandilla blanca, y observó el mar. Jorge se concentró profundamente en escuchar el oleaje del mar. Fue en ese momento cuando sintió una voz que le dijo:

-          Busca y no te vayas, porque está aquí. No será fácil, pero tú ya tienes la llave y has abierto la puerta correcta.

Javier se despertó, se había quedado dormido en la barandilla del paseo durante tan sólo un segundo. A escasos metros, un grupo de actores representaba en la arena una obra teatral. La gente se agolpaba a su alrededor.

Un chico permanecía con unas maletas en una tarima de madera  que utilizaban  como proscenio. Una mujer con una túnica naranja aparecía momentos después, acercándose hasta el joven, diciéndole:

-          ¿Ya te vas?
El actor de aspecto juvenil, le contestó:

-          Sí, la verdad es que llevabas razón, este lugar me ha ofrecido la paz que necesitaba.

La mujer de aspecto inquietante cogió la mano derecha del joven,  le entregó una llave de pequeñas dimensiones y le dijo:

-          Volverás hasta que la encuentres. Busca y no te vayas, porque está aquí. No será fácil, pero tú ya has abierto la puerta correcta.

Los ojos de Jorge se abrieron con fuerza. Habían sido las mismas palabras que él había creído escuchar minutos antes, con el añadido de: volverás hasta que la encuentres. Pero, ¿qué era lo que tenía que buscar?

Tres meses más tarde, cuando ya había olvidado aquel extraño suceso, Jorge volvió hasta el lugar al que siempre necesitaba regresar. Un grupo de amigos permanecían en una pequeña plaza del área de centralidad esperando a María, la amiga de uno de los chicos del grupo. Ella aparecía poco tiempo después con semblante sonriente y a toda prisa.

En cuanto les presentaron, Jorge sintió un golpe procedente de la parte izquierda de su pecho. No pudo despegarse de ella en toda la noche. A partir de ahí todo pareció desencadenarse de manera muy rápida. Esta fue la razón por la que María siempre quiso que todo sucediese de la manera más prudente posible, ya que tenía miedo a volver a sufrir por amor.

Sus paseos por Madrid la semana anterior les sirvieron para confirmar que querían volver a verse, en la ciudad de ella, precisamente en el día en que algunos señalaban que acabaría todo, según algunos interpretes de una profecía maya.

Con una temperatura cercana a los 20 grados, María y Jorge caminaban sin rumbo por las calles de la localidad. Jorge aprovechó el momento para esclarecerle sus sentimientos:

-¿Sabes una cosa? Desde que llegué a esta ciudad supe que tenía algo especial. Encontré una especie de pertenencia, sentía que tenía que estar aquí, es decir, que debía volver en un corto periodo de tiempo. Ahora apareces tú y me pregunto… ¿y si ese algo que me decía que estuviese aquí, era porque estabas tú? Y sin saberlo comencé mi búsqueda hasta dar contigo.
Y ahora que nos hemos encontrado, dicen que se acaba el mundo. ¡Cómo son las cosas! Si que es posible que sea el fin, pero el final de un túnel que da paso a un cobertizo de luz, lleno de ilusión y de proyectos. Se acaba la etapa de lo inconsciente, de todo lo que nos había llevado a un precipicio sin rumbo.

María se acercó hasta él, le besó, le miró a los ojos y le respondió:


- Ahora somos tú y yo.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Los diamantes en el cielo



¿Alguna vez os habéis preguntado cómo reconocer a la persona que estáis esperando? ¿Alguna vez habéis tenido la sensación de que es muy posible que él/ella sea la persona de tu vida? Es inevitable que a lo largo de nuestra existencia, se presenten circunstancias a las que no podemos dar respuesta, y es preciso que nos enfrentemos a ellas, aun sabiendo que tendremos que volver a levantarnos.

Uno de los mayores miedos que tenemos los seres humanos es a enamorarnos, y digo miedo porque el amor está estrechamente ligado al sufrimiento, y en su contra, a la felicidad. Es por ello que en múltiples ocasiones nos escudamos en el:

-          No, ahora no es el momento.

-          Me has conocido en una etapa complicada

O recibimos respuestas tales como:

-          Eres la persona perfecta, pero… tengo en mente a otra persona.

También es bastante frecuente el uso de:

-          Lo siento, estoy muy cómodo/a contigo, pero… no busco nada serio.

El eterno PERO…, pero, ¿por qué ponemos tantas trabas al amor? O mejor dicho, ¿por qué nos gusta complicarnos tanto? Es cierto que la vida no es sencilla, pero no en pocas ocasiones, nos gusta complicárnosla en exceso. Parece que nos han educado en una sociedad en la que las cosas sencillas no se valoran, como si todo lo que realmente valiera la pena conllevara un terrible sufrimiento. Ésta es una de las posibles razones por las que pasamos inadvertidos lo realmente valioso.

Y he aquí el ERROR. A veces las cosas están ahí, a nuestro alcance, tan sólo tenemos que cogerlas y hacernos cargo de ellas. La responsabilidad reside precisamente en poner en práctica esa “consciencia”.

Nos encanta siempre ir por delante. Cuántas veces hemos escuchado:

-          Es que yo sabía que esto iría mal, por eso no he comenzado.
Vivimos en el entorno de los eternos profetas, pero, ¿qué pasaría  si las cosas sucedieran de forma diferente a la que nosotros esperamos? ¿Qué ocurriría si apartáramos a un lado nuestros miedos, y nos embarcáramos en el viaje de nuestra vida sin fobias? Algo tan básico como estar dispuesto a vivir, PERO… a vivir de verdad.
Dejemos a un lado, si él-ella es la persona adecuada, dejemos de preguntarnos por el mañana, porque por suerte o por desgracia no sabemos si vamos a estar aquí.

Con ello, no muestro un “grito” al libertinaje, no quiero dar una imagen equivocada. He aquí un grito a vivir la vida sin temores.

Se conocieron una tarde fría, de la manera más sencilla y habitual, por medio de unos amigos. Ninguno de los dos se planteó la posibilidad de que durante ese encuentro pudiera aparecer la persona que pudiera cambiar su vida.

Lejos de las cursiladas propias del proceso de enamoramiento, Jorge pudo reconocer en ella el amor, por la luz que desprendía. En cada mirada su mente viajaba a otro mundo, donde todo era posible, un lugar hecho para los dos, donde no existía ningún negro infortunio. Su sonrisa, le hacía sentir la calidez de algo desconocido, pero agradable, y a través de su tacto encontraba la seguridad y la estabilidad que necesitaba.

Jorge sentía que algo se había transformado en su interior. Su vida ahora había cambiado de color, pero el eterno PERO, una vez más, se adueñó de esta historia. Era posible que ella pudiera “sentir” algo por Jorge, pero tenía en mente a otro chico, a pesar de la imposibilidad de tener algo con él.

Pero…en esta ocasión Jorge no se dio por vencido, ni tuvo miedo a pasarlo mal. No sólo decidió apostar por algo en lo que creía, sino a demostrar a la otra persona que podía ofrecerle en su vida algo que hasta ahora desconocía, magia. La magia que sólo el amor puede conseguir.

Jorge y María decidieron volver a verse, olvidándose de las circunstancias previas de cada uno, con el único propósito de conocerse. Sin la pretensión de …, tan sólo de sentir, y de no poner trabas.

Los chicos paseaban por las calles de Madrid, abriendo sus corazones y poniéndose en antecedentes. Después de unas horas decidieron descansar, por lo que optaron por hacer una parada ante una curiosa terraza con hamacas acompañada de grandes calefactores.

Los jóvenes se pidieron un cóctel  y quedaron semi-tumbados en sus respectivas hamacas. Al cabo de unos segundos, la chica se dirigió a Jorge:

-          Y, ¿ qué pasa si esto va mal? No quiero hacerte daño. Ya sabes que aun tengo en la cabeza a…
Jorge le interrumpió, diciéndole:

-          No sigas… ¿sabes una cosa? Yo no sé cómo sería el otro chico, pero si puedo decirte, que debe de estar loco al haber dejado a una chica como tú. Y… ¿sabes otra cosa? Es posible que aun no te hayas dado cuenta que yo soy el chico de tú vida, pero  no te preocupes, que ahora me encargaré de que reconozcas que yo también soy el de la tuya.

Jorge continuó, mientras cogía su mano:
-          Mira… ¿ ves todas esas estrellas?  No son estrellas,  ahora para ti y para mí, son diamantes que brillan en el cielo. Creo que ninguno de esos diamantes da tanta luz como la que tú puedes aportar a mi vida. Y no…no te asustes, no voy demasiado rápido, ni demasiado lento. Tan sólo quiero que formes parte de mi mundo, y si fracaso no será tu culpa, porque nadie podrá quitarme que tú has sido la que me has mostrado esta noche, que son diamantes lo que brillan en el firmamento. Ahora, ninguno de esos diamantes puede resplandecer tanto como tú y yo lo estamos haciendo ahora.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Esperanza



Cristina había intentando sin éxito por todos los medios que estaban a su alcance, ser madre. Los médicos le habían advertido, que tanto ella como su marido estaban en perfectas condiciones.  Por ello, los expertos apuntaban que era más que probable que una de las causas que le impedían su ansiado deseo era el estrés al que estaba sometida.

Tenía 42 años, y estaba prácticamente concienciada de que su edad hacía aun más compleja su situación. Llevaba 14 años intentando buscar un niño, incluso había viajado hasta una de las mejores clínicas de inseminación “in Vitro”, aunque siempre sin éxito.

Sus ansias por ser madre les habían llevado, tanto a ella como a su marido, a plantearse la posibilidad de la adopción. De hecho, ya habían estado informándose, y estaban en proceso de presentar toda la documentación.

Por otro lado, Cristina y su marido vivían en una situación compleja, residían en una pequeña aldea a 27 kilómetros de Soria. Ambos habían crecido, se habían conocido y se habían enamorado allí. Cuando eran jóvenes casi una centena de habitantes vivía en la localidad, pero ahora la realidad era bien distinta, apenas una decena de personas componían su censo. Hacía 42 años que ningún niño se había inscrito en la aldea.

Villa de Castalejo, (que así se llamaba la aldea), había pasado a manos privadas en el año 2004. La Junta de Castilla y León se negaba a invertir un solo euro en el entorno, alegando que era una localidad prácticamente despoblada, destinada al abandono. La incapacidad de hacer frente a algunos servicios imprescindibles, había llevado a acoger con cierto agrado la oferta de un empresario madrileño, el cual se comprometía a comprar el pueblo al completo, y con ello sus casas. A cambio podrían disfrutar de los servicios que demandaban, e incluso a algunas mejoras. La cláusula que más controversia había creado entre sus habitantes era en la que se exponía, que en el año 2025, las 8 casas que habían sido vendidas, junto a otros edificios allí levantados, tendrían que ser dispuestas a manos del empresario,  para uso y disfrute exclusivo del dueño.

Fueron muchos los que argumentaron que no estaban dispuestos a vender sus raíces, y la tierra donde habían crecido, pero finalmente convenció más la opción de que en 25 años la vida daba muchas vueltas, y que incluso era probable que en ese tiempo creciera tanto la aldea, que fuera inviable que una sola persona pudiera hacer frente a todo.

Pero para sorpresa de todos, a finales del año 2012,en plenas navidades, los habitantes de Villa de Castalejo recibían una notificación en la que se informaba que en el plazo de un año debían de abandonar sus casas, tal y como se apuntaba en la cláusula 33.a. En ella se concretaba que si en el plazo de diez años no se producía ningún nacimiento, el contrato rescindiría a finales del 2013.

Ninguno de los habitantes de Castalejo entendía como se les podía haber pasado algo tan importante. Lo cierto es que los abogados les habían dicho que poco se podía hacer, a no ser que se produjera, tal y como se indicaba, el nacimiento de un niño. Esto conllevaría la continuación del “contrato” por 15 años más.

La desolación era absoluta, puesto que las únicas personas que podían evitar el “desahucio” eran Cristina y su marido, Pedro, ya que las demás personas ni por asomo se encontraban en edad “fértil”.

Habían trascurrido dos meses desde la notificación, y algunos de los habitantes de la aldea comenzaban a trasladar sus enseres,  para evitar alargar una agonía de la que todos conocían el final. Pero Pedro y su mujer no se dejaron llevar por el negativismo en esta ocasión. Por ello acudieron a la última misa que ofició el párroco en la iglesia, antes de marcharse a otra localidad, para pedir a Dios que les concediera el deseo de ser padres, y a su vez, permitir la continuidad y la “vida” de los habitantes de Villa de Castalejo.

Cristina pidió a su marido y a Luis, el sacerdote, que le dejaran unos minutos más sola, y que más tarde ella misma se encargaría de cerrar el templo.

Las luces se apagaron y la mujer quedó de rodillas en la primera de las filas de la iglesia, ante la virgen de la Soledad, iluminada por unas cuantas velas, que horas antes habían sido encendidas por ella misma. Cristina terminó los rezos, sopló las últimas velas que permanecían iluminadas, y deambuló entre la oscuridad.

Meses más tarde, milagro o casualidad, la mujer recibía la noticia de que estaba embarazada. Ni su marido ni ella misma podían creerlo. Rápidamente comenzaron a presentar toda la documentación pertinente para probar que antes de que acabara el año, un nuevo habitante nacería en Castalejo. Concretamente el 24 de diciembre, Cristina saldría de cuentas.

Pero la noticia que había cambiado el rumbo de los habitantes de la aldea, se vio truncada un mes y medio más tarde, cuando los médicos descubrieron que a punto de cumplirse el cuarto mes de embarazo algo iba mal. La prueba de la amniocentesis confirmó que el feto estaba sufriendo algún tipo de malformación, y en el caso de seguir adelante con el embarazo, el niño sufriría daños cerebrales importantes. Los médicos no fueron nada positivos, comentándoles a los padres que era más que probable que las lesiones fueran incompatibles con la vida.

Los futuros padres recibieron la noticia como un jarro de agua fría y estuvieron pensando en interrumpir el embarazo, tal y como les habían recomendado los médicos. Cristina, ese mismo día, cogió las llaves de la iglesia, ya que se había prestado al cuidado y a la apertura del templo hasta su partida, y situándose frente al altar, ante la virgen de la Soledad, volvió a arrodillarse, tal y como lo había hecho meses atrás, y le pidió respuestas. Al instante, la mujer sintió una patada del pequeño que llevaba dentro. En ese momento supo que debía de seguir adelante con el embarazo.

El 24 de diciembre a las 00:00 de la noche nacía Esperanza en el hospital de Soria. Los médicos anunciaron a sus padres, que tal y como habían pronosticado, la pequeña sufría importantes daños cerebrales, y que era posible que falleciera. Sin embargo la pequeña Esperanza luchó por seguir adelante. Más tarde, los médicos advirtieron a los papás de que la bebé había superado un duro trance, pero que por ejemplo, no podría realizar acciones tan básicas como sonreír o mantenerse en pie. Pero Esperanza, con el esfuerzo de sus padres, especialistas y de ella misma, consiguió “pasito a pasito” cosas que en un principio parecían inviables.

Esperanza podía sonreír, e incluso distinguir quién era su padre o quién era su madre. Es más, nada más cumplir los cinco años, ya luchaba por mantenerse en pié.

La pequeña era una muestra de que pese a las tempestades y dificultades, había luz después del túnel. No sólo se había convertido en la alegría de una casa, que llevaba esperándola durante catorce años, sino que se había convertido en el ejemplo de lucha de muchos niños en las mismas circunstancias, y sobre todo, en la ESPERANZA de continuación de todo un pueblo y sus familias.



* Para los cristianos, cada año se renueva la ESPERANZA con el nacimiento de Jesús.
¡FELIZ NAVIDAD!


viernes, 14 de diciembre de 2012

La cajita de música



Era el último objeto de valor que le quedaba, por eso se hacía tan complicado.

Paula intentaba serenarse, su padre si estuviese junto a ella, le animaría y le daría fuerzas, pero era el último vínculo que la unía a él. Permaneció durante unos instantes ante el mostrador de la tienda de empeño, intentando que apareciese una señal, algo que le hiciese sentir que estaba haciendo lo correcto. Paula cerró los ojos, respiró y levantó la cabeza. Lo hacía siempre que quería hablarles o pedirles consejo. De esa manera los sentía más cerca.

Todo había comenzado seis años atrás, aquel fatídico mes de enero del 2006 cuando su madre, Carolina, falleció en un accidente de coche. Decían que las desgracias venían juntas, y todas ellas estaban golpeando con dureza a la familia Rodriguez- De la fuente.

Tras el fallecimiento de su madre, Paula tuvo que ver como su padre, un reputado arquitecto madrileño, era despedido del estudio en el que había trabajado desde hacía más de 35 años. Fue en ese momento cuando abandonó su sueño de ser bailarina para echar una mano en casa.

Pero las deudas de su padre y la incapacidad de hacerles frente, les llevó a tener que vender su lujoso chalet de Pozuelo y mudarse a un pequeño apartamento a las afueras de la capital. Lo vendieron absolutamente todo, era tal el agobio económico de la familia, que ni tan siquiera su padre tuvo que decirle que pusiera a le venta sus vestidos de primeras firmas. Y así, mes tras mes, pudo comprobar cómo decenas de compradoras se hacían con sus pertenencias a través de eBay: ropa, ordenador, joyas, iphone, etc.

A Paula no le importaba tener que desprenderse de todos sus objetos. Ahora su máxima preocupación era estar cerca de su padre y ayudarle lo máximo posible. Desde pequeña tuvo claro que quería ser bailarina, por ello su familia decidió que se formara en las mejores escuelas de danza de Madrid. En ciertas ocasiones, numerosos familiares le habían echado en cara que no dejara su vana ilusión y que hiciera algo de provecho. En definitiva, que buscara un trabajo serio, ¿pero qué era un trabajo serio? Al parecer, para muchas personas todo lo que envolvía el ámbito artístico era una especie de hobby. La mayoría de sus parientes infravaloraba su profesión, y le presionaban para que buscara un trabajo, según ellos, más acordes a sus características. En una ocasión, su tía Cayetana le había humillado en un encuentro familiar, diciéndole que si con 24 años no había entrado en ninguna compañía de prestigio, sería posiblemente porque no tenía suficiente talento.

Pero su máximo apoyo siempre habían sido su padre y su madre, le habían hecho creer en ella, y habían apostado por su talento. Su padre siempre le decía que la vida estaba llena de obstáculos, pero que esas dificultades hacían a las personas más fuertes, y más comprometidas con la existencia.

Su profesora de danza le había animado a no abandonar su sueño, advirtiéndole que hacía tiempo que no veía a una bailarina de sus características: con tanta elegancia, y sobre todo con esa maestría en sus movimientos y en su forma de expresar, aunque al parecer, esa pasión por dedicarse al mundo de la danza le impedía por otro lado, que en las audiciones no diera lo mejor de ella. Paula tenía tantas ganas, le movía tanto entusiasmo, que llegaba a perjudicarla. Le resultaba chocante, pero su propio deseo la estaba alejando de su sueño.
Una noche, al llegar a casa, su padre le estaba esperando despierto con su bata de raso azul marino en el sillón ocre del salón. Paula se sobresaltó al encontrarse con su padre con una luz muy tenue.

-     Papá, vaya susto! ¿Qué haces levantado?

Su padre se quitó las gafas de pasta marrón y le contestó:

-     Vete haciendo la maleta, que nos vamos en dos semanas a Nueva York. Ya está vendido el apartamento. ¡Cariño ahora sólo estamos tú y yo!, y no voy a permitir que no puedas cumplir tu sueño. Tú has nacido bailarina, y morirás siendo una bailarina. Si en este país nadie quiere darte una oportunidad, nosotros iremos a buscarla.

Paula se quedó paralizada y no dijo nada, su padre prosiguió:

-      No hay nada que pensar, vamos a empezar una nueva vida allí. El tío Agustín ha facilitado mucho el tema del papeleo, porque como sabes, trabaja en la embajada de Estados Unidos. Y bueno…vas a poder entrar en la escuela que querías. He vendido lo poco que nos quedaba. Yo intentaré buscar trabajo allí, que por lo que me han dicho, las cosas andan algo mejor ¡Así que dame un beso y dime que me quieres!

Paula se tiró a sus brazos, al principio no pudo articular palabra. Más tarde le dijo:

-     Gracias por estar aquí conmigo, por ser como eres, y por hacerme la hija más feliz del mundo.

Pero en Nueva York, la ciudad de los sueños de Paula, la vida estaba a punto de darle el último golpe. Su padre moría de un ataque al corazón cuando sólo habían transcurrido dos meses y medio desde su llegada. Y allí, completamente sola, tuvo que hacerse cargo de todo. La joven invirtió una gran parte de los ahorros en repatriar el cuerpo de su padre para que fuese enterrado junto a su madre, no sin antes ofrecerle una misa funeral en una iglesia cercana a su domicilio.

Su familia, tanto materna como paterna, no paró de culparle de la locura a la que había sumido a su padre. Y no sólo eso, también le acusaron de malgastar el poco dinero que le quedaba de su familia en una vana ilusión. Paula se encontraba totalmente derrotada, por eso se negó a volver a España, no quería estar cerca de unas personas que no le mostraban ningún tipo de afecto y que vivían en un entorno en el que ella no se sentía identificada.

Tuvo que dejar sus clases de danza en Nueva York mientras veía como su dinero iba desapareciendo, hasta verse obligada a vivir en la calle. La chica se aguardaba del frío en los bajos de la escalera de un edificio, arropada con una manta que le había hecho su madre cuando era pequeña y tapada por cartones. Pero de lo que estaba segura, es de que su padre, que ahora se encontraba en el cielo protegiéndole junto a su madre, nunca le abandonaría. En cada momento del día se comunicaba con ellos y les pedía fuerza, y sobre todo que no se olvidaran de ella.

Esta era una de las razones que habían llevado a Paula a acudir hasta la tienda de empeño para intentar conseguir algo de dinero y asegurarse comida durante unas semanas. La primera lágrima cayó por el rostro de la joven. Sentía que desprenderse de la alianza de casado de su padre era alejarse de él. Paula salió de la tienda con 200 dólares más totalmente hundida. Seguidamente, se dirigió de nuevo a los bajos de su improvisada casa, la escalera de emergencia de aquel edificio de ladrillo.

Nada más llegar sacó de su mochila, de la que nunca se desprendía, un bonito joyero de madera oscuro. Se retiró el pelo, e introdujo la llave que llevaba como colgante en la cerradura. La bailarina de su cajita comenzó a bailar mientras Paula observaba la última foto tomada en la navidad del 2005, antes de que comenzara su pesadilla.

De pronto, la música de la cajita comenzó a entremezclarse con una melodía mucho más poderosa procedente del edificio de enfrente. Paula la reconoció al instante, se trataba del Lago de los cisnes. Una extraño impulsó la llevo a levantarse, y allí completamente sola, comenzó su particular adaptación de Tchaikovsky. Se encontraba totalmente tranquila, dispuso su joyero unos metros frente ella, y pensó en regalar la función a sus padres, frente a la fotografía de su joyero. Paula alzó con firmeza sus brazos, sintiendo profundamente cada nota de la melodía. Sus extremidades se movían solas.

Lo que Paula no sabía, es que precisamente en la ventana de enfrente del lugar de donde venía la música, alguien le observaba atentamente. Dos minutos después, el señor que le miraba tras el ventanal salió en su búsqueda. Al llegar a su encuentro, pocos segundos antes de que finalizase la música, el caballero le aplaudió efusivamente. La chica, algo sofocada y sin poder mediar palabra, retrocedió algunos pasos. El señor sonriente y con un sonado acento inglés británico le dijo:

-      ¿Qué haces aquí? Tú tienes que venirte a trabajar conmigo.

Mr. Spool, un afamado y reputado director de danza clásica, nacido en Gibraltar y afincado en Londres desde hacía más de 40 años, le comentó que llevaba semanas realizando audiciones frente a ella, en el edificio blanco. Y como había quedado impresionado con su talento y su destreza artística, no tenía dudas, quería que ella fuera la protagonista de su nuevo montaje. Paula, le comentó la difícil situación que estaba viviendo y los enormes problemas con los que se estaba encontrando. Sin embargo, Mr Spool acordó que él le pagaría todo a cambio de que ella formara parte de su elenco, y que más tarde ella se lo devolvería con su primer sueldo. A lo que no estaba dispuesto el director inglés, era a perder a una bailarina de su categoría.

De esta forma, y tras duros meses de ensayos, la joven se subía a los escenarios de Nueva York encabezando el cartel. La función fue un rotundo éxito y la crítica no paró de envolver en elogios a la chica española que había enamorado a todos los asistentes allí presentes.

Tras finalizar la función, llegó el momento en el que Paula, ante un potente foco y la atenta mirada del público, que no parecía dispuesto a dejar de aplaudir, salió de manera individual a agradecer su asistencia. Se dispuso en mitad del escenario, radiante y con una esplendida sonrisa. De inmediato el público se puso en pié y comenzó a aplaudir con más fuerza. Paula sintió la necesidad de fijarse en los rostros de las primeras filas, fantaseando poder encontrarse con sus padres, hecho que no sucedió.

Paula cerró los ojos, subió la cabeza hacía el cielo, y dirigió su mirada de nuevo a las primeras filas. Allí, a escasas butacas de distancia, estaba su madre, con un precioso vestido azul celeste, el pelo recogido y con el collar de perlas que le había regalado su padre en su último cumpleaños. Le aplaudía, mientras lloraba y le enviaba besos. Su padre, justo a su lado, se puso la mano derecha en su pecho, mientras gritaba:

-      ¡Lo conseguiste princesa!

Paula miró de nuevo hacia arriba mientras lanzaba besos y agradecía el respaldo del público.

Dos días después, la prensa española se hacía eco del gran éxito de la bailarina española. Su tía Cayetana, en compañía de unas amigas, leía avergonzada el editorial del diario El País, en el que ponía:

España forma el talento y lo exporta al resto del mundo: Paula Rodríguez-De la fuente.
 
Cayetana, tardo poco tiempo, en pronunciarse ante las allí presentes:

-      ¡Esta es mi querida sobrina Paula, siempre supe que llegaría lejos!