Abre tu puerta cerrada


Abre tu puerta cerrada
Que ne tu mano está la llave
El amor a ti te vela
Partemos rosa, partemos de aquí.
Yo demandi por la tu hermozura
Como te la dio el Dió;
la
hermozura tuya escura
la merezco sólo yo.


miércoles, 14 de enero de 2015

HOY es Hoy


¿A cuántos nos ha pasado eso de mantenernos anclados en algo?
¿Con qué finalidad? Eso mismo me pregunto ahora yo.

Al final, te das cuenta de que lo único que es verdad es que no somos nada, y que la mente, nuestra mente, hace con nosotros lo que buenamente quiere. ¿Si no somos capaces de controlar nuestros pensamientos, cómo vamos a poder dirigir nuestra vida? Sí, lo sé, no es tarea sencilla.

Nuestra cabeza nos atormenta haciéndonos reflexionar sobre si pudimos hacer las cosas de otra manera, si somos culpables, inocentes o víctimas. Y no viene de más que en ocasiones nuestras conciencia se encienda y nos haga darnos cuenta de cosas que a priori pueden pasar desapercibidas, pero… ¿qué sucede cuándo quedamos atrapados en el desconsuelo?
Corremos un grave riesgo, que es el de acomodarnos en la satisfacción del dolor, y es un camino donde los peldaños cada vez son más altos y más oscuros.
Por tanto, nuestra cabeza tiene que estar al servicio del individuo, y no el individuo al servicio de la cabeza.

Siempre existen sucesos desafortunados que nos generan una inestabilidad emocional. Precisamente esa fue la razón por la que durante días, semanas, e incluso meses, traté sin éxito de que algo o alguien me ofreciera una respuesta. Una respuesta que yo mismo sabía que no tenía una posible contestación.

¿Por qué? Y con ese por qué aparecían otros interrogantes.

¿Por qué en ese momento? ¿Por qué en ese lugar? ¿Por qué no dije nada a tiempo? ¿Por qué nadie se dio cuenta?

Una voz comienza a sonar en tu cabeza de manera intermitente: ¡Por qué! ¡Por qué! Y más tarde llega un proceso habitual, el de la auto culpa. Aunque resulte absurdo. De alguna forma son mecanismos habituales que utiliza nuestro admirable motor cerebral, como si fuéramos máquinas.

Me hubiera gustada muchas cosas, entre otras, olvidar ese frío 14 de enero. Y aunque en algunos momentos sigo queriendo engañarme, y pienso que tan solo es un oscuro sueño, poco a poco trato de irme alejando de ese mundo paralelo que cree para protegerte en Nueva York, donde siempre te vi feliz y así me lo demostraste. Y eso no significa no seguir teniéndote presente, simplemente no quiero vivir en una ilusión de algo que no existe, pero sí que existió.

Trato de quedarme con algo, con tan solo un instante, y viene a mi mente de inmediato, tu gran sonrisa. Jamás pensé que una sonrisa pudiera esconder tanta tristeza.


Hoy es hoy y tú sigues estando aquí. Me has enseñado que hay que vivir, pero además de tener los pies en la tierra hay que aprender a ver más allá, a descubrir que se esconde detrás de cada mirada, antes de que todo sea demasiado tarde.

No hay comentarios:

Publicar un comentario