Abre tu puerta cerrada


Abre tu puerta cerrada
Que ne tu mano está la llave
El amor a ti te vela
Partemos rosa, partemos de aquí.
Yo demandi por la tu hermozura
Como te la dio el Dió;
la
hermozura tuya escura
la merezco sólo yo.


viernes, 9 de noviembre de 2012

La fe


Moisés se despertó más pronto de lo habitual. Estaba amaneciendo completamente nublado y apenas se veía. Había sido una noche dura. El frío invernal no le había dejado dormir, y su compañero de lecho, Jacob, no había vuelto desde hacía cinco días. Había echado en falta la agradable sensación de sentir el calor de un cuerpo humano, aunque fuera el de un casi desconocido, y a pesar de no hablar la misma lengua (Jacob no hablaba judeoespañol). Pero el idioma sólo había sido un impedimento al comienzo, pronto pudieron entenderse a través de la lengua "universal", es decir, por medio del lenguaje no verbal.

Desde hacía varios meses Moisés se encontraba muy débil, había perdido mucho peso y el duro trabajo al que le sometían le hacía temerse lo peor. En numerosas ocasiones, antes de cerrar los ojos, pensaba en la  posibilidad de no volver a despertar. Pero cada día que pasaba podía comprobar, ante su sorpresa, que pese al agotamiento, las malas condiciones y la falta de comida, su vida seguía adelante.

Hacía dos días que se había enterado por medio de un oficial alemán, que anteriormente había sido compañero suyo del colegio y que se encontraba en el mismo centro, de que ese mismo viernes todo acabaría.

Meses atrás, las personas allí presentes acogieron con esperanza la posibilidad de mejoras entre los allí retenidos cuando les anunciaron la llegada de “duchas”. Más tarde comprobaron que las personas que entraban, jamás volvían.

Danish, su compañero de la escuela, le había prometido que esa misma madrugada le llevaría hasta el barracón donde se encontraba su madre para que pudiera despedirse de ella.Su antiguo vecino les anunció que sólo disponían de cinco minutos. Les condujo hasta un granero anexo de madera, y cerró la puerta.

Yael, su madre, al instante se lanzó a los brazos de su hijo, y comenzó a notar como se clavaban cada una de las costillas de sus respectivos cuerpos. Su hijo se desprendió de sus brazos, se apartó unos pasos, la observó, y a continuación le apretó contra él con todas sus fuerzas. Segundos después se miraron, habían pasado seis meses desde la última vez que se habían visto. Su madre no paró de poner sus manos en su cara, de besarle y de sonreírle.

Durante esos minutos no hubo lugar para el lamento, sólo para la esperanza. Yael cogió de las manos a su hijo, y le dijo:

-        Ya queda un día menos para que volvamos a estar juntos. Tenemos que estar serenos, el señor está con nosotros y ahora te va a llamar para llevarte con él. No tenga miedo porque nunca nos ha abandonado. 

Moisés no pudo contener el llanto, y se acurrucó junto a su madre como un niño. Yael de nuevo se pronunció, diciéndole:

-        No pienses que nos ha abandonado, tenemos fe, tenemos esperanza. No nos encontramos vacíos, nuestra vida comienza con otra vida. Pide al señor que te haga más fuerte, que te acerque a él y no tendrás miedo. Confía, porque no estarás solo. 

La puerta volvió a abrirse, la madre de Moisés le beso en la frente y se despidió cantándole:

Cuando el corazón llora, sólo Dios escucha.
Escucha Israel, mi Dios, tú que todo lo puedes. Me diste la vida, me diste todo.
Escucha Israel, mi Dios, ahora estoy solo.
Hazme más fuerte, mi Dios, haz que no tenga miedo.



* Para todas las personas que nunca han perdido la fe a pesar de las dificultades que se presentan en la vida (y en especial a B.L. y toda su gente).

2 comentarios:

  1. Espero que algún día este blog se convierta en algo con lo que empezaste, que forme parte del pasado de una persona que en el futuro será grande!!! nunca pierdas la fe en que puedes llegar a serlo.

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  2. No puedo por menos que reconciliarme con los colegas que saben escribir, como es el caso de José Polo. Y digo de reconciliarme, pues siempre pensé que a un buen escritor le acompaña siempre la sombra de la idiotez en lo personal, como si no fuera posible ser un genio de la letra y, al tiempo, en la ordinaria vida. Pero, aun no conociendo a Polo, le presiento buen tipo, ese que es capaz de hacer decir a una madre a su hijo, quienes morirán al día siguiente en una cámara de gas: “Ya queda un día menos para que volvamos a estar juntos”, y espeluznar al lector con ello. Un lector que saluda la selección cuidada de las imágenes que acompañan cada literaria entrada. Un lector que recaba prueba nueva de que para ser buen ‘desprendedor’ de letras y palabras no es preciso poseer un título, más allá del que se gana uno con el esfuerzo diario por absorber el entorno: tal cual sería el caso de Polo.

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