Nunca sintió la necesidad de mostrar el mínimo afecto por nadie, ni siquiera a su esposa o a su hijo. Javier insertaba su nuevo traje de
Carolina Herrera en el portatrajes, sin poder quitarse de la cabeza una
pregunta que llevaba haciéndose desde hace varios días, ¿ alguna vez había
querido realmente a alguien? Durante unos minutos se quedó completamente
inmóvil frente al espejo de su vestidor, con el traje en la mano y la mirada
perdida. De repente su teléfono móvil comenzó a sonar. A Javier le pilló
completamente desprevenido, el sobresalto le llevó a retrasar unos segundos más
de lo normal la recepción de la llamada. La pantalla de su iphone le anunciaba
que se trataba de su ex mujer Guadalupe. El caballero, de pelo engominado y aspecto
elegante, descolgó el teléfono:
-
Dime…Guadalupe -fueron sus primeras palabras.
-
¿ Vas a tener la decencia de venir a ver a tu hijo
antes de que se muera? Por que yo…ya no puedo más?- pronunció la ex mujer de
Javier antes de colgar.
La llamada finalizó, y Javier sintió una presión en el estómago. Tenía que coger un vuelo en menos de 3 horas, pero… ¿ realmente su hijo Javi estaba tan mal? Todos conocían el carácter exagerado de su ex mujer, por lo que era más que probable que una vez más quisiera llamar su atención. Tan solo disponía de cinco minutos para pensar si ponía rumbo al aeropuerto, o se quedaba y se dirigía hacia el hospital.
Lo que si que era verdad, es que el padre de Javi no era
consciente de la gravedad de la enfermedad. Llevaba más de tres meses sin
ver a su hijo. Ni siquiera estuvo presente el día en el que le diagnosticaron el tumor
cerebral (maligno). Pero los médicos habían sido optimistas y le habían
comunicado que era más que probable que después de la operación y la
quimioterapia, todo desapareciera. ¿Qué habría pasado?
Javier lanzó a la cama su portatrajes y mediante una
llamada canceló su viaje de negocios a Milán.
Antes de entrar en la clínica, Javier llamó a Guadalupe.
Nunca le habían gustado los hospitales y no sabía con qué se iba a encontrar.
Al instante vio salir a su ex esposa en una de las primeras habitaciones de la
derecha. Javier se quedó impresionado al ver su aspecto físico, la presión que
minutos antes se había posicionado en su estómago, ahora se trasladaba hacía el
pecho. Ya no quedaba nada de la cantante glamurosa que él había conocido. Guadalupe estaba totalmente
demacrada: presentaba unas ojeras tremendas, tenía los ojos completamente
hundidos, el pelo recogido, totalmente desaliñado, etc.
Hacía diez años que se habían separado. Su hijo, Javi, cumplía
por entonces quince años. La causa de la separación, a parte de la falta de amor,
fueron las continuas discusiones y la incompatibilidad de horarios a causas de sus trabajos. El marido se pasaba los días
viajando por Europa y Guadalupe de gira. Mientras tanto,
su hijo Javi permanecía solo, al cargo de “Oti”, una señora que se encargaba de
su cuidado y del mantenimiento de la casa. El acuerdo de divorcio fue bastante
rápido, y desde su firma, siempre se habían mostrado correctos y predispuestos a
mantener la mejor relación posible.
Guadalupe se mantenía distante, y rehuyó del más mínimo
contacto con su ex marido. Se posicionó frente a él, con la mirada baja y dijo:
- La operación no ha ido bien, tiene metástasis. El tumor
de la cabeza es muy grande, él no lo sabe. Esto es cuestión de días, semanas, o…
como máximo tres meses. No se puede hacer nada…
-
Tengo un contacto en el hospital de Houston, quizás
allí….
Guadalupe sobresaltada, subió el tono de voz y sentenció:
-
Se está muriendo, se está muriendo, y… ¡no podemos hacer
nada!
El padre entró en la habitación con “el corazón en un puño”.
Allí estaba su hijo Javi, tumbado en la cama. Tenía la cabeza vendada, había
perdido algo de peso, y presentaba un aspecto más frágil y aniñado. Estaba
completamente blanco, parecía más bien la piel de un cadáver que
la dermis de un ser humano. En ese instante su padre fue consciente de que su
hijo se estaba apagando.
Javier no quiso que su hijo fuera consciente de la gravedad,
por ello tragó saliva y le dijo:
-
A ver…¿ahora qué te has inventado para faltar a la
Universidad macho? -fue lo primero que se le ocurrió.
Su hijo le respondió con una amplia sonrisa:
-
Pues ya ves… aquí estoy a ver si engaño a alguna
enfermera. Y tú... ¿qué haces por aquí?,¿te han dejado escaparte?
-
¡Que he vendido la empresa hijo! Que uno ya está muy
mayor. Y me he dicho…pues me voy al hospital con mi hijo… hasta que se
recupere. A ver…si me llevo yo también a una enfermera.
Guadalupe no parecía dar crédito, y su hijo tampoco. Javi así lo expresó:
-
¡Qué te lo crees tú! ¿vas enserio? ¿Te voy a poder
ver dos días seguidos? ¡Si lo llego a saber…me pongo antes malo! A mi no me
vaciles ¿eh?
-
Esta noche dormimos juntos…
Durante la madrugada, Javier (padre), no pudo pegar ojo. En primer lugar, mandó a descansar a su ex mujer a casa, seguidamente estuvo pensando en cómo iba a organizar su empresa, de la que iba a estar ausente de manera indefinida. Su prioridad siempre había sido el trabajo, pero ahora lo era su hijo. Javier era consciente de que ya era tarde para ganarse el cariño de su vástago, bien era cierto que Javi jamás le había reprochado nada. Siempre le había recibido con una sonrisa, y nunca le había reprendido sus ausencias, la carencia de besos y de afecto. Y… ¿ por qué ahora…?, ¡ a su hijo! Un chico tan bueno, con tantos proyectos, ¿ por qué le tenía que pasar a él? Javi se merecía ser feliz, no había tenido una buena infancia, ni tan siquiera una familia, pero él tenía derecho a formar una. Sin la posibilidad de encontrar respuestas, Javier se fue durmiendo poco a poco mientras observaba a su hijo Javi, que desde hacía horas descansaba.
Al día siguiente por la tarde. Javi, su madre y su padre
permanecían en la habitación de la clínica. Su hijo, les estaba contando la
anécdota de un viaje que había hecho meses atrás a Santander:
-
Y entonces… era de noche, e iba por la playa siguiendo
mis huellas. Total, que iba tan concentrando en encajar mis pasos, que me
choqué con una chica, y nos caímos al suelo. Y….la chica…. de repente Javi se
quedó callado.
En la cabeza del chico pasó algo. El joven sabía que estaba hablando de una chica, pero… ¿qué chica? Javier trató de recordarlo. Estaba en una playa, se cayó, y había una chica. Pero no recordaba qué chica. Javi comenzó a agobiarse, se había borrado por completo de su memoria.
Sus padres empezaron a ser conscientes de que le pasaba
algo. Su padre fue el primero en preguntárselo:
- Javi,¿ qué pasa?
Pero Javi…no podía rememorarlo, no sabía quién era esa
chica. La ansiedad empezó a apoderase de él.
Javi al fin contestó:
- Papá, espera un momento…
El joven trató de relajarse, buscando el instante que había desaparecido de su memoria del suceso que iba a relatar. Su padre volvió a insistir:
-
Javi, ¿qué pasa?
Javi era consciente de que había olvidado lo que iba a contar. Sin embargo, “algo” le impedía ponerlo en palabras. Una sensación de angustia estuvo a punto de llevarle al lloro.
Javi no fue consciente de que sus padres salieron a llamar a los médicos. Cuando volvió a mirar al frente, el doctor y dos enfermeras se encontraban ya en la habitación. Una voz dulce, y que provenía de la lejanía, le sugirió que se sosegara, segundos después sintió que una mano le introducía una pastilla en la boca. Javier cerró los ojos y dejó de sentirse perdido en el laberinto.
El doctor les comunicó a sus padres que la perdida de memoria a corto plazo en los pacientes de tumores cerebrales era bastante habitual, y sobre todo en un proceso de tumor tan avanzado como el que presentaba su hijo. El médico les anunció que le habían suministrado un tranquilizante, y que posiblemente permanecería dormido durante horas.
Guadalupe salió de manera apresurada hacia la salida del hospital. Entretanto, Javier seguía sus pasos de cerca. Al llegar a la altura del jardín, se encogió, y se tiró al suelo, mientras decía de manera incontrolada:
-
¡Mi niño! ¡mi niño!
Su ex marido sin saber muy bien qué hacer, se quitó la americana y se la puso por encima. Le cogió por el brazo izquierdo, la levantó, y la volvió a llevar hacia el interior de la clínica.
A la mañana siguiente, Javi amaneció bastante entristecido. Apenas hablaba, y no había querido probar bocado. Su padre, aprovechó el momento en que su madre bajó a la cafetería a comer para preguntarle:
-
Golfo, ¿qué te pasa?
Javi le respondió:
-
Nada, nada.
Pero su padre sabía que no le estaba diciendo la verdad:
-
Venga, eso se lo dices a otro, cuéntame -le contestó.
Javier quiso que su mirada se encontrara con la de su padre,
y en ese momento se sinceró:
-
Papá, yo nunca te he pedido nada. Sabes
que no te lo pediría si tuviese otra opción. Eres la única persona que me puede
ayudar. Hace unos meses te conté que quería irme de voluntario a la India. También
sabes que desde hace dos años colaboro con una fundación en Tanzania(en un
orfanato de niños). Te acuerdas, ¿no? Allí conocí a una niña, Faisha, y le
prometí el pasado verano que en diciembre volvería. Ella no tiene a nadie. Un
día me dijo que todas las personas que quería, siempre le habían abandonado.
Yo le prometí que jamás lo haría, y que nunca dejaría de faltar en cada
“misión” de diciembre. Es muy importante que no crea que me he olvidado de
ella. Yo le comenté que al conocerme todo sería diferente, y que ya no estaría
sola. Papá yo no puedo ir. El vuelo lo tengo pagado, y tú te llamas como yo. Ve
por mí y dile a Faisha que no hay ni un solo día en que no me acuerde de ella, y que
cuando tenga 18 años tal y como le prometí, la adoptaré y seré su papá. ¿Tú
sabías que en Tanzania no se puede adoptar? Bueno, el caso… es que allí sólo
es obligatoria la vacuna de la fiebre amarilla, y tú esa la tienes porque hace
nada estuviste en Kenia. Necesito que te vayas la semana que vienes, y cumplas
mi promesa, es lo único que te pido.
Javier (padre), no supo que decir:
-
Bueno… tú ahora duerme la siesta y mañana vemos que
podemos hacer -Le respondió.
A Javier le parecía inviable la posibilidad de hacer ese
viaje a Tanzania. Primeramente no soportaba a los niños, no era especialmente
cariñoso, y era bastante maniático. Por otro lado, no le parecía aconsejable
dejar a su hijo y su madre, en estos momentos.
-
Hijo, lo siento mucho, pero…no puedo ir al viaje.
-
Una vez más haces lo que te da la gana, ya me lo
imaginaba….
Cinco días después, el padre de Javi cogía un vuelo con rumbo a Tanzania, sin saber muy bien con qué iba a enfrentarse, con el único deseo de cumplir la última voluntad de su hijo.
El señor de pelo engominado y aspecto elegante, colgó sus
trajes de Carolina Herrera y se adentró en el orfanato Mazizini, donde
convivían 52 niños, con edades comprendidas entre 2 y 20 años. Al comienzo,
Javier se mostraba un tanto distante con el resto de los cooperantes. Los
primeros días tan sólo se dedicó a observar, no era capaz de acercarse a jugar
con los más pequeños, o a involucrarse de lleno. Pero al cabo de tres días fue
consciente de a qué había ido allí. Por ello se apresuró y buscó a la
pequeña Faisha, una niña de 10 años de enormes ojos negros y una gran sonrisa.
Lo primero que hizo, fue explicarle (en inglés) que Javi no había podido ir
porque estaba malo en el hospital. Pero que no debía de preocuparse, porque le
había pedido que fuera él, y estuviera con ella y sus amigas.
Quizás lo que más le impactó a Javier, fue “ver” que lo que más deseaban esos niños era
afecto: que alguien les prestara atención, que jugara con ellos, que les
abrazara o les diese un beso. Hubo un momento de su estancia donde
presenció como varios niños se pegaban por coger su mano. Los niños del
orfanato no poseían nada de lo que tenían los niños de nuestro país: no tenían
tantos juguetes, no se iban de compras y no iban al cine. Sin embargo, lo
que les hacia felices era sentirse queridos, e importantes para alguien. Y
tuvo que ser en África, concretamente en Tanzania, y gracias a su hijo (al que estaba a
punto de perder), donde se había dado cuenta de lo importante que era querer y
ser querido, y sobre todo, de lo primordial que es demostrar que se quiere a
alguien.
Tras pasar dos semanas, tocaba el momento de la despedida,
sin duda, una de las situaciones más duras que vivió allí. Faisha le
preguntó:
-
¿ Vas a venir a verme la próxima vez?
Faisha, prosiguió:
-
Si no vas a venir, no me mientas y dímelo, y en ese caso, sólo te pido que te acuerdes de mí. Dile a Javi que lo
quiero mucho, y que tengo muchas ganas de verle.
Javier abrazó a Faisha y le dijo:
- Nunca me voy a olvidar de ti, porque Javi y yo vamos a
cuidar de ti siempre.
Faisha le regaló un gran beso. Seguidamente Javier se montó en el coche que le llevaba al aeropuerto, mientras observaba como Fasiha le lanzaba besos, y se hacia cada vez más pequeña en la lejanía.
Javier llegó a Madrid a las 6 de la mañana, no pasó por casa
y se dirigió al hospital. Guadalupe le comunicó que esa misma noche Javi había
entrado en coma, estaba completamente sedado, y al parecer, no respondía a ningún
estímulos. Su madre estaba junto a él, encima de la cama. Tenía puesta su mano
en la cara de su hijo, y con una gran delicadeza le acariciaba, y recorría las
facciones de su cara con los dedos. Era imposible mostrar a una persona tanto amor. Guadalupe
cerró sus ojos mientras proseguía con las caricias, y comenzó a cantar la nana
con la que dormía siempre a Javi de pequeño.
La preciosa voz de Guadalupe, le llevó al padre a cerrar
también los ojos. Poco después, al volver a abrirlos, como si de una
alucinación se tratase, las paredes de la habitación comenzaron a desaparecer, y
la estancia comenzó a transformarse, convirtiéndose en la habitación de su hijo
Javi, de 23 años atrás. Javier observaba atónito como su mujer cantaba a su
pequeño de dos año, esa misma canción:
Sueños azules tocan las nubes, dan vueltas en el aire.
Mientras tus ojos y tus manitas cuidan que no se escapen.Dos estrellitas bajan solitas, para traerte el cielo.
Mientras la luna, cerca del suelo, te envuelve caramelos.
Ay, ay, ay, ay, tus manos en el viento.
Ay, ay, ay, ay, bailan como en un cuento.
Cuando te duermes, llega el silencio.
Con sus recuerdos que sólo traen mi soledad.Que no se van, hasta despertar.
Ay, ay, ay, ay, tus manos en el viento.
Ay, ay, ay, ay, bailan como en un cuento.
En ese preciso instante, su hijo realizó una respiración muy
profunda, y antes de ofrecer su último suspiro pronunció con voz débil:
-
Felicidad… era la chica, decirle que la quiero. Os
quiero, Papá, Mamá.
Los médicos más tarde comentaron, que era un milagro que Javi se hubiese podido despedir. Hablaron de un fenómeno muy curioso y desconcertante, la “mejoría de la muerte. Un instante donde el paciente experimenta una mejoría relativa y engañosa para despedirse de sus familiares antes de partir.
Cuenta una leyenda, que a pesar de que el cisne no canta
nunca, lo máximo que emite es un ronquido sordo, antes de su muerte algunos
cisnes emiten el canto más melodioso como premonición de su propia muerte.

me ha encantado, espero que algún día me cuentes con todo detalle lo vivido en Tanzania y que me puedas ofrecer la posibilidad de acompañarte... habia llegado a pensar que no publicabas esta semana me tenias en ascuas!!! son historias tuyas propias vistas desde otro prisma o realmente es todo invención?
ResponderEliminarRubia pensativa,lo primerísimo tienes que contarme si nos conocemos o no,(que el otro día no me contestaste).Por otro lado,muchísimas gracias por leerme y escribirme,porque me encantaba conocer vuestras impresiones de lo que escribo.
EliminarCon respecto a lo de acompañarme a Tanzania,por mi parte encantadísimo,ya te contaré más detalladamente.
Por último,me preguntabas sobre la veracidad de las historias.Te comento,en todo relato siempre hay algo de ficciòn,pero también hay parte de real,(a excepciòn de la primera entrada,Sefarad,que todo lo que cuento es verdadero!.
Pd: para mi lo más importante de los viernes es la publicaciòn del blog,así que no fallaré!.
;)
Increible Josh. Precioso.
ResponderEliminarGracias guapa!,a ver...si nos vemos!
EliminarAquí también te lo dejo, fantástico, como siempre. Joven promesa!!!
ResponderEliminarMe ha encantado. Qué buen relato y qué bien escrito. Me he metido en la historia al completo... Se nota que hay algo de verdad, pero tu forma de transmitirlo es perfecta.
ResponderEliminarEnhorabuena, sigue así, aquí tienes una seguidora ;)
Tocayo!! Vaya maravilla de blog. La verdad alegra ver como la gente joven como nosotros apuesta por este tipo de literatura y, en resumidas cuentas, de periodismo. Poco a poco, los jóvenes vamos interesándonos menos por la literatura, por los relatos y los cuentos. Eres una joven promesa y, desde luego, te deseo muchísima suerte.
ResponderEliminarA parte de ello, nada que destacar en cuanto al diseño: sencillo, sobrio... acorde con la temática de blog. Además la gran cantidad de gadgets que empleas convierte a este blog en algo muy dinámico, algo realmente importante ahora con esto de las nuevas tecnologías. Sigue así!
Enhorabuena por el blog José, da gusto leer cosas así, además que el diseño del mismo como han comentado le va perfecto a la temática, ya que es sencillo y así permite centrarse en lo que realmente importa, que es lo que escribes, mis más simceras felicitaciones.
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