La
primera toma de la primera escena de su ópera prima.
Su
corazón latía con fuerza, ya estaba allí, en Roma, grabando su primera
película, sin haberse dado apenas cuenta.
-
¡Acción!
Su
mente retorna a la realidad, observa el monitor de la pantalla y admira a la
joven que aparece en una cama blanca impoluta.
Su tez, del mismo color que las sábanas, casi se funde en la misma
tonalidad. Tiene el pelo muy negro, alborotado (semisalvaje). Sus labios
gruesos parecen casi dibujados, sus líneas están completamente marcadas, al
igual que sus cejas. Permanece con los ojos cerrados, aun así, tras la pantalla
se ven enormes, acompañados de unas largas pestañas. Todo el equipo permanece
en absoluto silencio, tan solo interrumpido por el comentario de uno de sus
miembros:
-
¡Parece
un ángel!
De
manera inesperada, abre los ojos. Su corazón se paraliza, le falta el aire,
parece como si Roberta le estuviese observando sólo a él. En ese momento, no
tiene dudas, se ha enamorado.
Cinco
meses después deciden pasar por el altar, e incluso (nunca dejó de preguntarse cómo pudo hacerlo), logró que
cambiase de residencia, su querida y amada Roma, por el pueblo que le vio nacer
a él, Arganda del Rey. Allí Roberta pasaba desapercibida, ninguno de sus
habitantes conocía su secreto, que era una de las grandes estrellas del cine
italiano del momento.
Vivían
en una casita blanca, de tres plantas, ubicada en lo alto de una cuesta. El
hogar había sido adquirido por el joven argandeño dos años atrás, después de haber
sido reformada, ofreciéndole un toque algo más bohemio.
A
Roberta le costó adaptarse a la nueva vida en Arganda, pero ella siempre solía
comentar que era un pueblo con encanto, con gente muy entrañable y muy
particular. Le encantaban los encierros, especialmente los de la calle de José
Antonio, el vino y la iglesia de San Juan Bautista. Solía expresar su
admiración por el templo:
¡Es
una auténtica joya! - decía con emoción.
No
había noche a la que no acudiera a su lugar preferido, la última planta de la
casa, que albergaba una pequeña terraza desde donde se veía toda la localidad.
En varias ocasiones su marido se la había encontrado traspuesta en la hamaca de
madera, aun en las noches más gélidas de invierno solía quedarse dormida mirando
las estrellas
Hacía
tres meses que habían estado separados por motivos de trabajo, Roberta estaba
grabando una superproducción en Roma, y Alfonso estaba escribiendo el nuevo
guión de su nueva película, que sería protagonizada nuevamente, por la gran Roberta
Rossellini.
13
de febrero de 1955. (Arganda del Rey). 22.52 h.
Alfonso
no para de mirar su reloj, pide a su amigo Carlos que acelere.
-
¡Mira
que es mala suerte! ¿Cómo pueden ser tan pesados?, ¡y todo…para que no nos den la subvención!
Su
amigo le responde:
-
¿Qué
te pensabas que era esto… “llegar y besar el santo”?
Alfonso
se echa las manos a la cabeza:
-
¡Anda
cállate y vete más rápido que Roberta me mata!, ¡tres meses sin vernos, y mira
a qué hora llego!
Carlos
bromea:
-
¡A
las estrellas de cine no se les hace esperar!
No
queda nadie en la calle, hace mucho frío. Aparcan el coche y se dirigen a la
puerta de la casa. Abren la puerta y encienden la luz. Alfonso comienza a
llamar a su mujer:
-
¡Robertaaa,
ya estoy aquí!
(Nadie
contesta).
Alfonso
comienza a subir por las escaleras de madera e invita a su amigo a acompañarle:
-
¡Sube,
sube, no te quedes ahí… seguro que está
en la terraza!
Pero
al llegar hasta la última planta descubren que no está. Alfonso se extraña:
-
¿Dónde
se ha metido?
Carlos
le interrumpe
-
¡Mira,
hay luz en la habitación!
Los
dos amigos bajan de nuevo hasta el segundo piso, Alfonso llama en dos ocasiones
a la puerta, pero no obtiene respuesta. Empuja el picaporte y entra. Hay una
pequeña luz que procede de la lámpara de la “mesita” de noche, Roberta
permanece en la cama.
-
¡Roberta,
amore mio, que ya ha llegado!
(Pero
no responde).
Alfonso
se dispone a despertarla, pero su amigo Carlos le frena:
-
¡Fonsi,
que te ha dejado una nota en la mesilla! Mira te ha puesto que ha llegado muy
cansada del viaje, que no hicieras mucho ruido…
Alfonso
le contesta:
-
¡Da
igual voy a despertarla!, ¡que hace tres meses que no la veo!
Carlos
vuelve a frenarle:
-
¡Mira
que tienes mala idea!, ¡que debe de estar rota la pobre de tanto viaje!
Alfonso
toma distancia:
-
¡Pues
mira…tienes razón! ¿Te acuerdas?, ¡hace ya casi dos años!…¡cuándo nos fuimos a
grabar a Roma! Ella estaba justamente igual, parece la misma imagen. Roberta
sobre la cama dormida, ¿qué era lo que todos decíais?
Carlos
le responde:
-
¡Parece
un ángel!
Alfonso se ríe (tratando de no hacer ruido):
-
¡Eso
es!, oye, ¿por qué no nos haces una foto? Siempre me he imaginado la escena que
grabamos, con la variación de estar observándola mientras le doy un beso de
buenas noches. Seguro que cuando la revelemos se lleva una gran sorpresa y le
hace ilusión. ¡Mira abre esa bolsa negra!, ¡ahí está la cámara!
Carlos
se posiciona justo frente a la escena. Entretanto, Alfonso se introduce
sigilosamente en la cama y le da un beso en la parte izquierda de la sien a
Roberta, mientras su amigo inmortaliza el momento.
Los
dos amigos se despiden, pero antes de salir, Carlos se asoma por el umbral de
la puerta:
-
¿No
está un poco blanca? A ver si…
Alfonso
le empuja y comienza a bajar las escaleras:
-
¿Pero
no te acuerdas de los rodajes, cuando le decíais que su piel era como de
porcelana?
Carlos
se ríe:
-
¡Pues
también es verdad! Anda…¡hasta mañana!, ¡descansad!
14
de febrero de febrero de 1955. (Arganda del Rey). 08:30 h.
Los
vecinos comienzan a agolparse debajo de la casa de Alfonso y Roberta. Al
instante llegar el primer coche de la policía. Las vecinas no paran de señalar
la parte trasera de la casa (algunas se echan la mano a la cara).
La policía llama hasta en tres ocasiones al timbre de la casa, pero no se escucha nada. Finalmente echan la puerta abajo. Los vecinos colindantes se asoman expectantes.“La Espe” y “la Mari” rezan, a pesar de no entender muy bien lo que está pasando (ellas fueron las que llamaron a la policía, ya que fueron las primeras que lo vieron cuando salieron a comprar el pan).
Los
municipales bajan a los 15 minutos:
-
¡Aquí
no hay nadie!, ¿les dijeron que salían a algún sitio?
“La Espe”, contesta:
-
¡Yo
a las 05:00 a.m, creí escuchar un lloro muy intenso, pero pensé que lo había
soñado!
La
policía les pide que se metan en casa, que en cuanto sepan algo les avisarán.
14
de febrero de 1955 12: 30 (Arganda del Rey)
Carlos
llega desde Madrid alertado por la policía. Uno de los municipales le impide el
paso al intentar subir hasta el final de la cuesta donde se encuentra la casa
de Alfonso. Ya son cientos de personas las que se agolpan debajo de la casa, y
el tráfico ha sido cerrado en toda la calle. El joven se identifica y uno de
ellos acuerda hacerse cargo del coche.
Comienza a subir la cuesta a pie, intentando abrirse camino entre la muchedumbre. Al segundo queda paralizado, la pared trasera de la casa está cubierta por una inmensa tela blanca con la imagen que él mismo había retratado horas antes. Mientras tanto oye a unas mujeres que debaten:
-
Pero,
¿está muerta?, o ¿está viva?
A los municipales les confirmó que él había sido el que había realizado la foto que, ahora colgaba de la parte de atrás de la casa de su amigo. Les aseguró que en ningún momento Alfonso le había comentado que tuvieran previsto salir de viaje. Tan sólo les rogó que les encontrasen y que se pusieran en contacto con él.
13
de febrero de 2013
La
policía jamás pudo dar explicación a la misteriosa desaparición de Alfonso y
Roberta. Nunca más se supo de ellos, ni tan si quiera se tuvieron pistas sobre
su paradero. Tampoco nadie pudo dar respuesta a quién colocó aquella foto allí,
y cómo pudo hacerlo, pues nadie lo vio.
Una imagen colocada por alguna razón hace más de medio siglo, que recuerda en
cada momento a los transeúntes que por allí pasan, el amor que Alfonso y
Roberta se procesaban. Un instante detenido en el tiempo, que nadie podrá
borrar.
Desde
el suceso, Carlos acude cada 13 de febrero a Arganda del Rey para observar la
inmensa fotografía que “inunda” la pared trasera de la casa. La imagen, que
permanece en el mismo lugar en que fue colocada, y que sigue siendo objeto de
polémica. Todo el mundo que la mira, se pregunta:
Roberta,
¿estaba dormida?, o ¿estaba muerta?
¿Era
un beso de buenas noches?, o ¿Era su beso de “hasta siempre"?
Ni
Carlos, ni ninguno de los habitantes de
Arganda tendrán jamás respuesta de lo que sucedió esa noche, pero de lo que
nadie tiene duda, es que esa imagen es un reflejo de su inmenso amor, y sobre
todo de su último beso (fuera en el contexto que fuera).
Su
último beso en Arganda.

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