Abre tu puerta cerrada


Abre tu puerta cerrada
Que ne tu mano está la llave
El amor a ti te vela
Partemos rosa, partemos de aquí.
Yo demandi por la tu hermozura
Como te la dio el Dió;
la
hermozura tuya escura
la merezco sólo yo.


viernes, 17 de mayo de 2013

La ninia de las flores.(V),"El pasado siempre vuelve"



Abrí la puerta de mi casa con miedo pues existía un silencio aterrador, aquel mutismo me hizo pensar que algo dramático estaba por acontecer. A lo lejos advertí una luz en el fondo, de inmediato, un ligero ruido en el interior del salón. A continuación la sintonía de la radio y aquella voz.

Era él, ese individuo, ¿cómo alguien, aún en la lejanía, podía dañarme tanto?

Avancé muy lentamente, tratando de no hacerme visible, posicionándome justo detrás de ella. Permanecía inmóvil, casi abducida por sus palabras-Sentí terror, en aquel momento fui consciente de que ella tan sólo era un robot en manos de su amo.

Sonó la puerta y tras el sonido de las llaves, nuestro hijo interrumpió aquel momento de incredulidad, mi esposa Jarvia se pronunció:

-         Ammm…¿estás tú también aquí? (refiriéndose a mi)

Asentí con la cabeza mientras nuestro hijo saltaba en brazos de su madre para besarla. En ese instante las palabras de mi pequeño me dejaron petrificado como una estatua:

-         Mamá…¿sabes lo que nos han hecho prometer hoy en el colegio? Para ser buenos ciudadanos y servir a Alemania tenemos que combatir contra todo el mal que nos acecha, por eso hay que denunciar a los traidores.

En ese momento interrumpí al pequeño Kenneth:

-         ¿Quiénes son esos traidores, hijo?
 
Sus ojos se engrandecieron mientras me daba su respuesta:

-         A aquellos que escondan a esos sucios judíos, nuestro deber es denunciarles, tenemos que sacar a esas ratas de sus escondites.

Pensé en retirarle la mirada pero no lo hice:

-         Kenneth, ¿qué pasaría si tuvieras algún amiguito, o incluso algún familiar que fuera judío, ¿también lo denunciarías?, ¿acaso es eso lo que debe hacer un buen católico?, ¿qué es lo que dicen los mandamientos, ayudar al prójimo ¿no?

Por un momento permaneció dubitativo, pero la palmadita en la espalda de Jarvia le hizo reaccionar:

-         O se sirve a Alemania o se está contra ella, por culpa de los judíos mira como estamos. Si el judío no se va, yo seré el que le descubra.
 
Sus palabras comenzaron a introducirse en mi mente y a resonar de manera repetitiva:

-         Si el judío no se va, yo seré el que le descubra, si el judío no se va, yo seré el que le descubra, si el judío no se va, yo seré el que le descubra, si el judío no se va, yo será el que le descubra, si el judío no se va, yo seré el que le descubra, si el judío no se va, yo seré el que le descubra. El que le descubra, el que le descubra. SI-EL-JUDÍOS-NO-SE-VA/ YO-SERÉ-QUIEN-LE-DESCUBRA.
 
Sí, ya me había quedado claro, había entendido perfectamente el mensaje.

Salí de mi casa con el corazón en un puño, no sabía donde ir. El solitario edificio de la embajada española de la ciudad alemana de Stuttgart no me parecía el lugar más oportuno. Opté por ir a uno de los inmuebles donde permanecían los judíos que había sacado semanas atrás de aquel campo, del que se comentaba: “que entrabas por la puerta y salías por la chimenea”.

Aquellos seres humanos se encontraban en un espacio reducido. Los dos edificios de pequeñas proporciones eran insuficientes para 177 personas, pero por el momento no contábamos con otro lugar mejor que fuera seguro.
 
Uno de esos días en los que me disponía a abandonar uno de los edificios “bajo protección española”, una niña de unos 7 años llamó poderosamente mi atención. Permanecía en el lado derecho de la entrada, sola. La observé durante varios minutos con detenimiento y me percaté de que hacia algo así como cuidar de un grupo de flores silvestres. Le sonreí y le dije:

-         ¿Kual es el nombre de la ninia de las flores?

La pequeña me regaló una de las flores de su jardín mientras me respondía:

Daniella, mas para ti…la ninia de las flores, tu ninia.

No pude remediar abrazarla mientras le decía:

-         Si, mi ninia.

Ese mismo día Daniella me dijo que cumplía 8 años. Por ello nos recorrimos casi toda la ciudad hasta que dimos con un lugar en el que vendían helados. La casualidad hizo que nos encontráramos con mi mujer Jarvia y mi hijo Kenneth. Nada más vernos, se acercaron a prisa, Jarvia se adelantó:

-         ¡Vaya qué sorprea! (Jarvia acarició la cabeza a Daniella), ¿dónde vais?, ¿qué haces con esta niña?

Estuve a punto de darme la vuelta, pero no la rehuí y le contesté:

-         Es Daniella, la hija de un compañero español del consulado. Hemos venido a comprar un helado porque hoy es su cumpleaños.

Jarvia de nuevo se agachó y le preguntó:

-         ¿Cuántos años tienes?, ¿10 años?

Daniella respondió:

-         No, ma chikita…
 
Jarvia enfureció al reconocer casi al instante el acento, cogió a Kenneth de forma apresurada y desaparecieron. Esa noche decidí quedarme en uno de los edificios “anexos a la embajada española” en Stuttgart, junto a mi tía y mis primos, a los cuales había conocido semanas atrás.

A la mañana siguiente salí temprano a hacer unas gestiones con la intención de volver a la hora de comer. En las proximidades del consulado compré un ramo de flores a Daniella para que pudiera plantarlas y así ampliar su jardín.

Nada más llegar Alberto, mi fiel compañero gallego que se encargaba de “custodiar” los edificios, me preguntó:

-         ¿Y Daniella, no estaba contigo?

-         ¿Conmigo? Ya me viste que salí por la mañana temprano (le contesté).

La mirada de Alberto me alarmó, junto a la confirmación de sus palabras:

-         Esta mañana llegó en un coche azul una mujer rubia que hablaba español, preguntó por Daniella y dijo que la buscaba para llevarla contigo. La niña la reconoció y no le di importancia.
 
Los peores presagios se me pasaron por la cabeza:

Alberto, a prisa…llévame a esta dirección (le ordené sin dar explicaciones).

Cuando nos presentamos en el portal todo parecía en calma. Me encontraba tremendamente agitado y consternado. ¡No, no creía que fuera capaz de haberle hecho algo malo! Mis zapatos golpeaban con fuerza las pesadas escaleras de madera de mi edificio, tal era el ruido, que algunos vecinos se asomaban a la puerta del estruendo.

Al llegar al piso quinto, precisamente en la puerta de la entrada donde residía mi familia, una flor me hizo detenerme. La flor se encontraba aplastada en el suelo. Fue aquí cuando me di cuenta de todo.

“En medio del camino yo vi una flor un poco cansada.
 
Y supe que era la flor… ay, de la ninia,

    Ay,de mi ninia,

de la ninia de las flores”.


Yo le di a una ninia una flor

Y la llamé la ninia de las flores.

Le di, ay, le di la flor

Pa´que la proteja…
 

Y un día, y un día

Desapareció, desapareció la niña.

Y yo sabía, y yo sabía

Que no la vería nunca más…


La ninia de las flores, Yasmin Levy
 

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