Abre tu puerta cerrada


Abre tu puerta cerrada
Que ne tu mano está la llave
El amor a ti te vela
Partemos rosa, partemos de aquí.
Yo demandi por la tu hermozura
Como te la dio el Dió;
la
hermozura tuya escura
la merezco sólo yo.


viernes, 6 de diciembre de 2013

El amor sí es para siempre


La rutina, aquella en la que te preguntas por el sentido de tu existencia. Aquel instante en el que casi nada parece importante, es más, todo te resulta incómodo.

Subir cada mañana al autobús en la Palisades Ave resultaba un suplicio. El conductor de siempre desde hacía décadas, la ausencia de novedad en los acontecimientos idénticos que pueden surgir en el interior de un autocar, y lo más molesto, las caras repetidas de sus protagonistas: aquel joven asiático, el hispano al que nunca le faltaba café, la rubia explosiva, la chica de cara amargada, el gordito que ocupaba dos asientos…

Ayer la muchacha mexicana que le ayudaba con las tareas de la casa le decía entre lloros que uno de sus jefes se había intentado quitar la vida:
 
-        ¿Se está acercando el fin del mundo? – Le preguntaba Lupita con lágrimas entre los ojos a la señora de la casa.

-        No creo que se esté acabando el mundo. ¿Por qué dice eso?- Contestaba con cierto grado de asombro.

-        No sé… ahora parece que sólo suceden cosas malas. Quizá sea un aviso. - Respondió la joven.

Raquel se mantuvo durante unos segundos como ida. Seguidamente sintió la necesidad de contacto humano. Se acercó unos pasos hacía ella y le pidió que tomara asiento junto.

-        Las personas durante muchos años se han olvidado de la razón por la que estamos aquí. Todos tenemos una misión, nacemos con la finalidad de hacer algo en la vida. Y créeme, no es una tarea sencilla. Quiero decir, que no es sencillo descubrir aquello que se nos ha encomendado desde nuestro nacimiento. Fíjate que hay personas que mueren sin saberlo. Hoy por hoy la gente trabaja y trabaja, gasta sin control, dicen que están tremendamente enamorados pero todos se divorcian. Ellos creen que viven, pero no viven. Hace tiempo que nuestra sociedad está muerta, nadie se pregunta por su propósito. Lupita, ahora no sólo ocurren cosas malas, llevamos viviendo este desastre desde tiempos inmemorables. La gente no es feliz, pero no sabe que no es feliz, por eso sólo existe este caos. ¿Quién será capaz de controlarlo? No quiero que estés triste, reza, ten fe, habla con tu corazón. Ojalá, algún día la humanidad pueda darse cuenta de en qué nos hemos convertido. Hemos nacido para amar, pero para amar de verdad.

Tocaba su mano con las yemas de sus dedos, con la mirada perdida hacia un lugar recóndito. Sentía sus arrugas, y de vez en cuando observaba las manchas marrones propias de su edad. Aún se veía años atrás repitiendo la misma acción cuando era joven, sentía cierto anhelo.

Su palma estaba caliente, la sangre circulaba, posiblemente no con la misma facilidad que cuando se conocieron. Su corazón bombeaba con el ritmo preciso. Apretó su mano con fuerza, quería sentir que aún se encontraban vivos, no importaba que ya no fueran jóvenes, sólo quería demostrar que todo aquello era real y verdadero.

Los edificios de la ciudad de Nueva York comenzaban a avistarse antes de traspasar el túnel Lincoln. El vehículo inicio el recorrido en su interior. Tan sólo había dos cosas que le producían cierto miedo a la española en aquella ciudad a la que había llegado cincuenta y seis años atrás: los subterráneos oscuros, y las mareas de gente n la ciudad de los rascacielos. Le parecía una imagen dantesca, casi apocalíptica.

Raquel se encogió en su asiento nada más presentir las luces artificiales del pasaje. Su marido, que conocía muy bien todos sus miedos, rodeó su hombro con su brazo derecho y la besó.

De inmediato le invadió un nerviosismo propio de la adolescencia, e incluso sintió cierta vergüenza.

Mientras tanto, la gente asistía con cierto estupor a aquel instante de amor espontáneo que había surgido entre aquellos ancianos. Algunos se preguntaban si aquellos viejos aún podrían quererse.

Ella se limitó a sonreír ante una sensación de felicidad extrema. Su corazón le hablaba y le respondía que había cumplido su principal misión en la vida: amar de verdad. Le parecía algo increíble. No había sido sencillo, pero sí, ella lo había conseguido en un tiempo en el que todo parecía que tenía fecha de caducidad. Donde no había lugar para la gente que sentía, que sentía que el amor sí es para siempre.


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