Frío, sentía mucho frío. Nada
más llegar, casi al comienzo, tomó su abrigo, quería recomponerse, más su
cuerpo le alertaba de que la temperatura seguía igual, que nada había cambiado.
Palpó sus extremidades, el calor que desprendían parecía el correcto, pero algo
en su interior le alertaba de que aquel entorno era diferente, como si algo hubiera
cambiado.
Era posible que le recibieran
con una sonrisa. Era posible que le abrieran las puertas de sus casas, aunque
todo acontecía de manera superficial. Al igual que los pilares de sus casas,
grandiosas exteriormente pero frágiles por dentro, tanto, que a muchas de ellas
un fuerte soplido podría poner en peligro su estabilidad. Quién sabe cuál sería
la razón: ellos aparentaban ser fuertes, muy fuertes, independientes,
poderosos. Americanos. No les hacía falta conocer más. Ellos eran la potencia,
ellos movían la economía del mundo. Se encargan de velar por la seguridad y el
bienestar de la tierra, de todos.
Conocía sus vidas, se
adentraba en su rutina y se percataba de la falta de amor. La carencia del
vínculo con el otro, de un lazo familiar. ¿Por qué no decir…? ¡Te necesito!,
¡Estoy aquí!, ¡Voy a ayudarte!
-
Trabajar y
comprar.
-
Felicidad y
dinero.
Quizá eran las prioridades de
toda esa gente. Se habrían convertido así de manera inconsciente con el paso
del tiempo. Al fin y al cabo estaban allí y todos decían que eran felices. Eso
decían, pero bastaba tener una conversación un poco más profunda para
vislumbrar que su interior no reflejaba lo mismo.
Un corazón, un mismo corazón
para todos. Aunque quizás los de ellos terminarían por convertirse en piedra.
¿Cómo habrían llegado a ese estado?
Todas las personas en Nueva
York tienen un rasgo común. Están allí porque tienen un sueño. Algunos una vez
instalados en la urbe se van alejando, otros cada vez están más cerca y otros,
por supuesto, lo consiguen.
Sólo la magia del Universo
tiene la respuesta. Pues hubiera sido imposible pensar que esas personas que
estaban a punto de conocerse iban a aparecer a su lado por casualidad. De
lugares tan recónditos: venidos de Honduras, Colombia, México y de Grecia.
Hace muy poco, un joven que
llegó hasta la ciudad que nunca duerme, se estremeció al comprobar lo que allí
sucedía. Casi nadie le comprendía. Todos creían que estaba loco. ¿Cómo era
posible que alguien no quisiera vivir en esa ciudad? ¡En la ciudad de los
sueños!
Con el paso de los días y de
las semanas comenzó a sentirse desorientado. Sentía frío, mucho frío, más no
sabía que ese hielo procedía de las piedras que golpeaban en el latir de todas
esas personas. Cada vez aparecían más y más problemas. Posiblemente su sueño en
ese momento no podía completarse. Posiblemente había llegado hasta allí por
otro motivo.
Una noche, cinco astros del
cielo se alinearon para ir en su búsqueda. Esas cinco luces tomaron como nombre:
Marcela, Rashelika, Marsi, Carolina y
Guadalupe.
Marcela le ayudó a seguir
creyendo en la bondad. En la necesidad de ayudar a las personas sin pedir nada
a cambio.
Rashelika le hizo olvidarse
del tiempo. Le renovó sus ganas de vivir, de comerse el mundo, sin límites.
Marsi le invitó a seguir
soñando en el mundo de los sueños. Ella era un ejemplo de éxito después de
haberse marcado una meta.
Carolina le otorgó la dulzura.
Le hizo sentir que con un abrazo podía solucionarse todo.
Y Guadalupe le ofreció el
calor de un hogar. Le abrió las puertas de una familia que se mantenía unida a
pesar de las distintas inclemencias.
Cuentan que ese chico
afirmaba tener conocimiento de la existencia de los ángeles en la tierra. Mi
interés y curiosidad en el tema me llevaron a leer uno de sus escritos en los
que especificaba sus experiencias y su estancia en Nueva York, y que relataba
de esta forma:
Ahora sé que los ángeles
existen en la tierra, porque cada vez que el asfalto de esa fría ciudad me
devoraba y trataba de hundirme hasta lo más profundo de sus entrañas, una de
estas personas venía a rescatarme, y era ahí cuando veía como con sus hermosas
alas me elevaban y me alzaban a lo más alto y hermoso.
A Rashelika Cohen, Marcela
Flores, Marcela Fino, Carolina Villaraga y Guadalupe Ortiz.

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