Abre tu puerta cerrada


Abre tu puerta cerrada
Que ne tu mano está la llave
El amor a ti te vela
Partemos rosa, partemos de aquí.
Yo demandi por la tu hermozura
Como te la dio el Dió;
la
hermozura tuya escura
la merezco sólo yo.


viernes, 4 de enero de 2013

La profecía maya



A pesar de que los científicos de medio mundo ya habían anunciado que el 21 de diciembre del 2012 no se acabaría el mundo, algunos incrédulos vivían con expectación las horas venideras. Justo ese mismo día, Jorge y María habían decidido volver a reencontrarse, en esta ocasión en la ciudad de ella.

Pero antes de contar el trascurso de los acontecimientos, nos remontaremos justo dos años atrás, cuando Jorge pisó por primera vez la ciudad de María.
El desengaño con unos amigos y una desmotivación general con el mundo llevaron al joven hasta aquella ciudad del norte de España, con la intención de despejarse e intentar encontrar respuestas a la crisis personal que llevaba acarreando desde hacía algunos meses.

Una extraña sensación se apoderó de Jorge. La ciudad no sólo le había proporcionado la paz que necesitaba, había transformado una parte de sí mismo. Había sabido encontrar algo más profundo: al recorrer sus calles se sentía un miembro más entre sus transeúntes, al respirar su aíre se sentía libre.  Incluso el viento parecía susurrarle en ciertas ocasiones que se quedara. Por ello, esa urbe se había convertido en una de las principales vías de escape para todos sus problemas, el lugar donde verdaderamente encontraba la tranquilidad.

Con el paso del tiempo se hizo prácticamente un asiduo de la ciudad. Conocía sus rincones, y podía moverse sin problemas y con comodidad.
Una tarde, acudió hasta el paseo marítimo, se apoyó en la barandilla blanca, y observó el mar. Jorge se concentró profundamente en escuchar el oleaje del mar. Fue en ese momento cuando sintió una voz que le dijo:

-          Busca y no te vayas, porque está aquí. No será fácil, pero tú ya tienes la llave y has abierto la puerta correcta.

Javier se despertó, se había quedado dormido en la barandilla del paseo durante tan sólo un segundo. A escasos metros, un grupo de actores representaba en la arena una obra teatral. La gente se agolpaba a su alrededor.

Un chico permanecía con unas maletas en una tarima de madera  que utilizaban  como proscenio. Una mujer con una túnica naranja aparecía momentos después, acercándose hasta el joven, diciéndole:

-          ¿Ya te vas?
El actor de aspecto juvenil, le contestó:

-          Sí, la verdad es que llevabas razón, este lugar me ha ofrecido la paz que necesitaba.

La mujer de aspecto inquietante cogió la mano derecha del joven,  le entregó una llave de pequeñas dimensiones y le dijo:

-          Volverás hasta que la encuentres. Busca y no te vayas, porque está aquí. No será fácil, pero tú ya has abierto la puerta correcta.

Los ojos de Jorge se abrieron con fuerza. Habían sido las mismas palabras que él había creído escuchar minutos antes, con el añadido de: volverás hasta que la encuentres. Pero, ¿qué era lo que tenía que buscar?

Tres meses más tarde, cuando ya había olvidado aquel extraño suceso, Jorge volvió hasta el lugar al que siempre necesitaba regresar. Un grupo de amigos permanecían en una pequeña plaza del área de centralidad esperando a María, la amiga de uno de los chicos del grupo. Ella aparecía poco tiempo después con semblante sonriente y a toda prisa.

En cuanto les presentaron, Jorge sintió un golpe procedente de la parte izquierda de su pecho. No pudo despegarse de ella en toda la noche. A partir de ahí todo pareció desencadenarse de manera muy rápida. Esta fue la razón por la que María siempre quiso que todo sucediese de la manera más prudente posible, ya que tenía miedo a volver a sufrir por amor.

Sus paseos por Madrid la semana anterior les sirvieron para confirmar que querían volver a verse, en la ciudad de ella, precisamente en el día en que algunos señalaban que acabaría todo, según algunos interpretes de una profecía maya.

Con una temperatura cercana a los 20 grados, María y Jorge caminaban sin rumbo por las calles de la localidad. Jorge aprovechó el momento para esclarecerle sus sentimientos:

-¿Sabes una cosa? Desde que llegué a esta ciudad supe que tenía algo especial. Encontré una especie de pertenencia, sentía que tenía que estar aquí, es decir, que debía volver en un corto periodo de tiempo. Ahora apareces tú y me pregunto… ¿y si ese algo que me decía que estuviese aquí, era porque estabas tú? Y sin saberlo comencé mi búsqueda hasta dar contigo.
Y ahora que nos hemos encontrado, dicen que se acaba el mundo. ¡Cómo son las cosas! Si que es posible que sea el fin, pero el final de un túnel que da paso a un cobertizo de luz, lleno de ilusión y de proyectos. Se acaba la etapa de lo inconsciente, de todo lo que nos había llevado a un precipicio sin rumbo.

María se acercó hasta él, le besó, le miró a los ojos y le respondió:


- Ahora somos tú y yo.

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