A pesar de que los científicos de medio mundo ya habían
anunciado que el 21 de diciembre del 2012 no se acabaría el mundo, algunos
incrédulos vivían con expectación las horas venideras. Justo ese mismo día,
Jorge y María habían decidido volver a reencontrarse, en esta ocasión en la
ciudad de ella.
Pero antes de contar el trascurso de los acontecimientos,
nos remontaremos justo dos años atrás, cuando Jorge pisó por primera vez la
ciudad de María.
El desengaño con unos amigos y una desmotivación general con
el mundo llevaron al joven hasta aquella ciudad del norte de España, con la
intención de despejarse e intentar encontrar respuestas a la crisis personal
que llevaba acarreando desde hacía algunos meses.
Una extraña sensación se apoderó de Jorge. La ciudad no sólo
le había proporcionado la paz que necesitaba, había transformado una parte de
sí mismo. Había sabido encontrar algo más profundo: al recorrer sus calles se
sentía un miembro más entre sus transeúntes, al respirar su aíre se sentía
libre. Incluso el viento parecía
susurrarle en ciertas ocasiones que se quedara. Por ello, esa urbe se había
convertido en una de las principales vías de escape para todos sus problemas,
el lugar donde verdaderamente encontraba la tranquilidad.
Con el paso del tiempo se hizo prácticamente un asiduo de la
ciudad. Conocía sus rincones, y podía moverse sin problemas y con comodidad.
Una tarde, acudió hasta el paseo marítimo, se apoyó en la
barandilla blanca, y observó el mar. Jorge se concentró profundamente en escuchar
el oleaje del mar. Fue en ese momento cuando sintió una voz que le dijo:
-
Busca y no te vayas, porque está aquí. No será fácil,
pero tú ya tienes la llave y has abierto la puerta correcta.
Javier se despertó, se había quedado dormido en la
barandilla del paseo durante tan sólo un segundo. A escasos metros, un grupo de
actores representaba en la arena una obra teatral. La gente se agolpaba a su
alrededor.
Un chico permanecía con unas maletas en una tarima de madera que utilizaban como proscenio. Una mujer con una túnica
naranja aparecía momentos después, acercándose hasta el joven, diciéndole:
-
¿Ya te vas?
El actor de aspecto juvenil, le contestó:
-
Sí, la verdad es que llevabas razón, este lugar me ha
ofrecido la paz que necesitaba.
La mujer de aspecto inquietante cogió la mano derecha del
joven, le entregó una llave de pequeñas
dimensiones y le dijo:
-
Volverás hasta que la encuentres. Busca y no te vayas,
porque está aquí. No será fácil, pero tú ya has abierto la puerta correcta.
Los ojos de Jorge se abrieron con fuerza. Habían sido las
mismas palabras que él había creído escuchar minutos antes, con el añadido de: volverás
hasta que la encuentres. Pero, ¿qué era lo que tenía que buscar?
Tres meses más tarde, cuando ya había olvidado aquel extraño
suceso, Jorge volvió hasta el lugar al que siempre necesitaba regresar. Un
grupo de amigos permanecían en una pequeña plaza del área de centralidad
esperando a María, la amiga de uno de los chicos del grupo. Ella aparecía poco
tiempo después con semblante sonriente y a toda prisa.
En cuanto les presentaron, Jorge sintió un golpe procedente
de la parte izquierda de su pecho. No pudo despegarse de ella en toda la noche.
A partir de ahí todo pareció desencadenarse de manera muy rápida. Esta fue la
razón por la que María siempre quiso que todo sucediese de la manera más
prudente posible, ya que tenía miedo a volver a sufrir por amor.
Sus paseos por Madrid la semana anterior les sirvieron para
confirmar que querían volver a verse, en la ciudad de ella, precisamente en el
día en que algunos señalaban que acabaría todo, según algunos interpretes de
una profecía maya.
Con una temperatura cercana a los 20 grados, María y Jorge
caminaban sin rumbo por las calles de la localidad. Jorge aprovechó el momento
para esclarecerle sus sentimientos:
-¿Sabes una cosa? Desde que llegué a esta ciudad supe que
tenía algo especial. Encontré una especie de pertenencia, sentía que tenía que
estar aquí, es decir, que debía volver en un corto periodo de tiempo. Ahora
apareces tú y me pregunto… ¿y si ese algo que me decía que estuviese aquí, era
porque estabas tú? Y sin saberlo comencé mi búsqueda hasta dar contigo.
Y ahora que nos hemos encontrado, dicen que se acaba el mundo.
¡Cómo son las cosas! Si que es posible que sea el fin, pero el final de un
túnel que da paso a un cobertizo de luz, lleno de ilusión y de proyectos. Se
acaba la etapa de lo inconsciente, de todo lo que nos había llevado a un
precipicio sin rumbo.
María se acercó hasta él, le besó, le miró a los ojos y le
respondió:
- Ahora somos tú y yo.

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