Abre tu puerta cerrada


Abre tu puerta cerrada
Que ne tu mano está la llave
El amor a ti te vela
Partemos rosa, partemos de aquí.
Yo demandi por la tu hermozura
Como te la dio el Dió;
la
hermozura tuya escura
la merezco sólo yo.


viernes, 25 de enero de 2013

Los espejismos o los falsos ángeles


Poseía una mirada enigmática. En ciertas ocasiones sus ojos verde-azulados cambiaban de color. Algunas personas aseguraban que con sólo mirarla podía saberse lo que estaba pensando, que tenían un lenguaje propio. Lina no era más que una joven alemana de 27 años que soñaba con ser directora de cine. Tenía una fuerte convicción con la ideología nacionalsocialista, y había dispuesto todo su talento en el ámbito cinematográfico para colaborar con el régimen nazi. De hecho el propio Hitler se había manifestado seguidor de algunos de sus trabajos, que habían obtenido una excelente crítica en la Alemania del Führer.

El 23 de noviembre de 1942, Lina era galardonada con el primer premio del certamen “Jóvenes directores de cine” en Berlín, consiguiendo así la posibilidad de financiarse su primer largometraje. Al evento asistieron las principales personalidades de la época, entre las que se encontraron el mismo Hitler o Goebbels, responsable del ministerio de la propaganda nazi.

Lina sentía verdadera pasión por España, por ello quería terminar de escribir su guión en tierras españolas, además de buscar algunas de las localizaciones que posteriormente se verían en su película. La alemana fue agasajada por el régimen franquista ante su llegada, conocedor del importante papel que estaba desarrollando en el gobierno amigo.

Al cabo de mes y medio la joven dio por finalizado y retocado su guión, empezado meses atrás en su país de origen. Seguidamente decidió recorrer toda la geografía española, en un pequeño mercedes negro, que ella misma conducía.
Cuatro meses más tarde, ya en Alemania, Lina tomó la decisión de recrear un entorno típicamente español. Como curiosidad, la joven contrató a quince personas de etnia gitana como extras. Los gitanos fueron obligados a dejar su poblado, y a permanecer de forma diaria al lado de la cineasta hasta que finalizase el rodaje. Entre los extras, se encontraban dos bebes y tres niños.

Al principio los gitanos se encontraban completamente atemorizados, a sabiendas de las acciones que estaban desarrollando los alemanes nazis contra su grupo. Pero sus miedos quedaron en el olvido en poco tiempo, Lina no sólo había mejorado la calidad de vida de sus figurantes, proporcionándoles buena comida y un entorno favorable, sino que además se mostraba atenta y cariñosa con los más pequeños. Incluso era conocida como “TitaLina”. En más de una ocasión los adultos le habían comunicado a la directora que jamás podrían agradecerle todo lo que estaba haciendo por ellos. En un cierto momento, Dori, una de las madres que había sido contratada junto a su pequeño de siete meses, le dijo:

-         Señora, es usted un ángel que ha bajado a la tierra para que todo vaya mejor.

Lina se acercó hasta ella, acarició la cara de su bebé llamado Luluvo con cierta ternura, y le respondió:

-          ¡Mi pequeño Luluvo, duerme!

Dos meses más tarde, el rodaje se daba por finalizado. Sin distinciones, y demostrando su unión, todos colaboraban a la hora de recoger todos los enseres. De repente, en la primavera de mayo del 43, treinta miembros de las SS irrumpían en el lugar. Sin mediar palabra procedieron a detener a cada uno de los gitanos allí presentes.

Lina se acercó hasta uno de los comandantes y le preguntó:

-          ¿A dónde los llevan?

El comandante alemán le respondió:

-          Al lugar en el que ya deberían de estar, a un campo de exterminio.

Los gitanos mientras tanto observaban a la mujer dulce con la que habían compartido su vida los dos últimos meses.

Dori, con Luluvo en brazos, se desvió unos pasos para acercarse hasta Lina. Uno de los miembros de la SS tiró de su brazo para hacerla retroceder. Lina desde la distancia hizo una seña con la cabeza para que le permitiesen acceder hasta ella.

Una vez, frente a frente, le expresó su angustia:

-          Señora, ¿a dónde nos llevan?

Dori miró fijamente los ojos de Lina, en un instante cambiaron por completo de color, pasando del claro al oscuro. La madre gitana comenzó a sentir miedo, por un momento sólo “vio” en aquella mirada rencor y asco.

Lina, se dio la vuelta, miró hacia otro lado y siguió caminando.

No hay comentarios:

Publicar un comentario